Formation - 26 de diciembre de 2018

es - La buena política está al servicio de la Paz


1. “Paz a esta casa”


Jesús, al enviar a sus discípulos en misión, les dijo : « Cuando entréis en una casa, decid primero : “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz ; si no, volverá a vosotros » ( Lc 10,5-6).


Dar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo. Y este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana[1]. La “casa” mencionada por Jesús es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia ; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra “casa común” : el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés.


Por tanto, este es también mi deseo al comienzo del nuevo año : “Paz a esta casa”.


2. El desafío de una buena política


La paz es como la esperanza de la que habla el poeta Charles Péguy[2] ; es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Sabemos bien que la búsqueda de poder a
cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción.


Dice Jesús : « Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos » ( Mc 9,35). Como subrayaba el Papa san Pablo VI : « Tomar en serio la política en sus diversos niveles ―local, regional, nacional y mundial― es afirmar el deber de cada persona, de toda persona, de conocer cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar colectivamente el bien de la ciudad, de la nación, de la humanidad »[3].


En efecto, la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad.
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