Formation - 8 de junio de 2019

es - La Hospitalidad

Muchas son las definiciones que se han dado de la hospitalidad, pero todas coinciden en que es un valor ético que evoca la apertura a un “nosotros” sin el cual no puede ni ejercerse ni valorarse. Hace referencia a realidades próximas como la responsabilidad, la compasión, la solidaridad, la acogida que se viven desde la proximidad al otro.


Levinas define la hospitalidad como la acogida de aquel diferente a mi, pero la acogida es un ejercicio que requiere el reconocimiento de las necesidades del otro, de su dignidad y de su diferencia. Cuando se ejerce la hospitalidad se invita al otro a formar parte del propio mundo. La acogida que ejercemos, hace que el extraño deje de ser extraño y nosotros al acoger , nos hacemos con la rica “extrañeza “de la vida del otro y la consideremos una oportunidad de aprendizaje. Entre nosotros y el huésped, nace un vínculo de afecto, como consecuencia de la hospitalidad ejercida, que se manifiesta en una relación de ayuda y de enriquecimiento mutuo.

La hospitalidad según Torralba, podía definirse como “ el movimiento extático que realiza el anfitrión con respecto al huésped y que tiene como finalidad la superación de los prejuicios , la recepción y la escucha del otro y la metamorfosis del otro extraño en el tú familiar “ Es pues una cualidad que lleva a tratar bien y con amabilidad al prójimo. En la antigüedad, la hospitalidad era una de las virtudes más valoradas, por eso lo consideraban como un deber o una obligación ser amable con los desconocidos, los viajeros o las personas extranjeras.

En la tradición bíblica, la hospitalidad ha sido una ley, una práctica, una costumbre, un deber, un valor moral. Desde los inicios, la hospitalidad está ligada a normas que permiten la humanización de lo que , de otra manera, podrían ser intercambios indiferentes. S. Pablo, considerándola fundamental, la recomienda con esta sentencia ; “ No olvidéis la hospitalidad” ( Heb 13,2 )


La hospitalidad es ese movimiento de acercamiento y acogida al otro, algo tan básico pero a la vez tan indispensable para poder establecer un núcleo de relación entre personas, que es vital para el proceso y la supervivencia. Es acoger en la “ propia casa “, al otro, compartir lo que uno tiene, pero siempre en función de la necesidad del otro.

No es algo que se inventa, ni se añade a otras cualidades, si no que emerge en contextos determinados cuando se dan unas formas concretas y se es capaz de conceptualizarlo, poniendo nombre al movimiento humano. Es una dinámica que no siempre surge de forma espontánea, pero que una vez que se opta por ella se retroalimenta y desarrolla.

¿ Qué es necesario para que esta dinámica se desarrolle y se retroalimente ?


*Creer, tener un lenguaje acogedor. Si el tiempo nos ha permitido pensar en las necesidades del que llega, el lenguaje utilizado muestra si al que llega se le acomoda o si es él el que tiene que acomodarse. Un lenguaje comprensible, a la medida del estado emocional en que se está es el que transmite acogida.


*Una fundamental escucha La escucha es la condición que posibilita comprender al otro. Es la expresión propia de la hospitalidad y que va más allá del plano de la palabra y del oir y se encarna en todos los sentidos. Escuchar es, una virtud ética, un hábito que al cultivarlo, desarrolla y engrandece a la persona y transforma el entorno.


*Un corazón que acoge Sentirse acogido con el corazón hace referencia a esa experiencia de confort emocional que uno tiene cuando experimenta que lo más íntimo es también observado, contemplado, no juzgado y entrañablemente cuidado, por el que acoge. El corazón tiene necesidades que pueden ser cubiertas con la mirada, con la suavidad del contacto físico, con la palabra y el tono adecuado, con la proximidad generada por todos los sentidos transformados en terapia eficaz para la enfermedad de la exclusión o de sentirse extraños en este mundo. La hospitalidad no se puede imponer se circunscribe a la lógica del corazón, que con frecuencia tiene razones que la razón no entiende. La formación del corazón constituye un reto universal para humanizar nuestra vida que se proyecta en nuestro mundo.


Promover una cultura de la hospitalidad, es optar por aquellos valores y sus expresiones que van tejiendo un entorno, unas vivencias, gestos y acciones que valoramos como positivos ; la búsqueda del bien del otro , el desarrollo de la persona que lo ejerce y de la que lo percibe.. Una cultura se caracteriza por su forma de priorizar valores.


Pero si es cierto que todas las sociedades manifiestan los deseos de promover unos valores y que todos admitimos que las personas son dignas de respeto por el simple hecho de ser personas, esta declaración, no parece ponerse en práctica en nuestras sociedades, al menos de manera cotidiana. Parece que los demás son una amenaza para nosotros más que una ventaja. Tenemos miedo a la hospitalidad y este es uno de los mayores enemigos. La sensación de inseguridad que se vive o que se crea a nuestro alrededor ante el desconocido, nos impide acogerlo y las repercusiones de esta epidemia, cada vez más intencionadamente extendida, nos llevan a la reclusión, el individualismo y a cerrar nuestro corazón y nuestras casas a todo el que es diferente. Pero ¿ por qué la diferencia nos asusta ?, ¿ qué amenaza supone alguien que no encaja con nuestros paradigmas ?, ¿ el miedo al otro, tiene una justificación racional ?


¿ Qué podemos hacer para recuperar la hospitalidad ?. No es una tarea fácil, pero podemos plantearnos :


Pensar, reflexionar que el que está frente a mi es una persona humana, cuyo valor está en su propia existencia y no en sus características del color de la piel, del sexo, la raza, su nivel social… 


Es necesario tener apertura de mente, tratar de ir más allá de los paradigmas que nos impiden mirar, ver de otra manera y nos mantienen comodamente en viejas o falsas ideas y que muchas de ellas nos separan en vez de juntarnos.


Reflexionar en la importancia que tiene la voluntad para cambiar ideas y slogan. De nada nos sirve tomar conciencia de que el otro merece mi respeto, si cada vez que salgo a la calle juzgo a los demás por su forma de actuar diferente a la mía.


Forzarnos a nosotros mismos a no elaborar ese juicio y dejar que la persona se nos presente tal como es, escucharla en lugar de escuchar nuestros propios paradigmas y tratarla por lo que es ; una persona humana, esto nos puede ayudar a transformarnos en personas más tolerantes con los que no son como nosotros. Solo desde esta actitud de respeto y valoración, podrá comenzarse a vivir una actitud de hospitalidad.


En el precioso texto de Mateo 25, “ el juicio es hoy “ cada vez que estamos delante de nuestro prójimo, porque lo que es decisivo es el instante presente y eso, en su vulgaridad aparente. No se detallan obras que sean consideradas extraordinarias ni obligatorias, se nos juzga por lo que no se considera obligatorio ; dar de comer al hambriento, visitar al enfermo, acoger al peregrino… Dios se hace presente en el día a día y quiere ser reconocido y hospedado en su debilidad histórica.

Mª Belén Miguel r.a.