Formation - 1ro de junio de 2018

es - La Dimension escatología, la esperanza


Ascensión González, r.a.


“Todo lo que ven nuestros ojos es un don que Dios nos regala para elevarnos hacia Él”. (MME. Instr. 15-07-1881) “En la Asunción todo viene de Jesucristo, todo es de Jesucristo, todo debe ser para Jesucristo”.


“La tierra es un lugar de gloria para Dios”.


Cuando MME hacía estas afirmaciones tal vez no sabía que estaba apuntando a una situación que estaría en plena vigencia en nuestro tiempo, y que sus hermanas y los laicos asuncionistas decidirían vivir el seguimiento de Jesús de una forma concreta: respondiendo a las preocupaciones globales del mundo. Uno de los desafíos más graves del momento presente es el futuro del planeta puesto en riesgo. Si entendemos la tierra como lugar de gloria para Dios, el lugar de su manifestación y de su presencia, una respuesta de nuestra parte se impone.


Los diversos y múltiples cambios por los que estamos atravesando cuestionan de forma profunda la reflexión teológica que hasta ahora se ha hecho. La realidad desafía a la teología. Cada momento suscita nuevas preguntas e implica procesos históricos que requieren una comprensión teológica de los mismos. En este tiempo, la comprensión ecológica necesita un renovado paradigma teológico que considere la problemática ambiental. No es solamente cuestiones afines con lo verde o las especies en extinción, son cuestiones de relaciones entre los seres humanos entre sí, con la naturaleza y con su sentido. No hemos sido creados los seres humanos para colocarnos por encima de las creaturas como quien domina, sino para estar a su lado, como quien convive pacíficamente con conciencia de ser hermanos. Cuanto más logran los conocimientos científicos desvelarnos los orígenes y procedimientos de la diversidad de formas de vida, llegamos a una certeza: todo es interdependiente. Ninguna especie es autosuficiente. Existe una relación entre las redes de los seres. Somos parte de un planeta tejido por múltiples seres. Sentirnos parte de ellos nos lleva a una responsabilidad, a una preocupación y a una relación amorosa y fraterna. Nos induce a una actitud de comunión, porque estamos emparentados con todo. Nada nos es insignificante, todo es parte de nosotros y nos es familiar.


El ciudadano de a pie se pregunta si es posible hablar de Dios como creador cuando en el mundo hay desequilibrios tan fuertes en el orden de la naturaleza y de lo humano. ¿Cómo comprender hoy al Dios creador? ¿Cómo juzgar la acción de Dios en nuestro mundo? Estos cuestionamientos nos llevan a nosotros, los creyentes, a quitarnos las sandalias para caminar por la tierra con veneración y agradecimiento (Ex. 3,2), aprendiendo a descubrir el misterio de Dios que se nos revela en ella. Nos pone en una relación de respeto que –en palabras de E. Cardenal– significa renunciar al espíritu posesivo y a malgastar. Es cambiar nuestra mentalidad consumista. Es tener en mente a las generaciones del futuro.


Desde la ecología más radical se hace una crítica al cristianismo por percibir al ser humano como centro del universo, como el que tiene derecho soberano e ilimitado a someter a las criaturas a su antojo, quien puede disponer arbitrariamente del resto de los seres vivos, precisamente porque es el centro y porque reconoce un salto cualitativo y una diferencia insalvable entre los seres humanos y los demás seres vivientes. La idea de la humanidad creada a imagen de Dios, junto con la aparente tarea de someter y dominar la tierra (Gn. 1, 26-28), estaría en la raíz de la crisis ecológica actual. El cristianismo es acusado de mantener una visión de mundo antropocéntrica que ha sido perjudicial para el planeta a lo largo de la historia.


Con todas estas posturas y realidades, la teología –en comunión con otras ramas científicas y en diálogo con ciencias humanas– busca alternativas de futuro, de horizonte, de comprensión para el futuro del planeta.


La humanidad hoy es sensible a las consecuencias e implicaciones de la comprensión teológica. Se busca superar las dicotomías que acentúan las diferencias entre lo espiritual y lo temporal, lo sagrado y lo profano, para favorecer la visión del mundo y de lo humano como una totalidad temporal y al mismo tiempo espiritual. Interesarnos por los problemas ecológicos viene dado por la misma antropología teológica, por la comprensión del ser humano desde Dios. Abordamos la condición humana desde la creación.


Reconocer el universo creado como sacramento, vislumbrar el secreto armonizado desde lo infinitamente grande a lo infinitamente pequeño, nos permite intuir, creer y acoger el misterio que se nos desvela en cada partícula de lo creado. Nos lleva a una confesión de la presencia de Dios en todo. Nos conduce a un reconocimiento de lo sagrado.


Hoy la teología nos invita a revisar el esquema de salvación tradicional que conjugaba paraíso-caída-castigo-redención-gloria. Este se hace poco asequible al mundo moderno caracterizado por el secularismo. Esta concepción trae como consecuencia una imagen de Dios castigador que pide ser renovada. La teología hoy se hace eco de las inquietudes y la problemática de nuestro tiempo. Y los problemas de la humanidad han entrado en el campo de la reflexión teológica. Por ello, Leonardo Boff dirá que se requiere “una nueva espiritualidad para buscar el sentido profundo de vivir en la naturaleza”. Es todo un reto para las tradiciones espirituales que –como nosotros Asunción– queremos dar una respuesta a nuestro mundo desde el seguimiento de Jesús, con la óptica del pensamiento de Santa María Eugenia: “La ley del Evangelio es un estado en el que ningún ser tenga que sufrir la opresión de los demás” (Vol. VIII n| 1610).


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