Témoignages - 21 de febrero de 2018

es - El relato de un camerunés que llegó a España para salvar su vida


Comunicaciones Vivat International-España


En artículos anteriores hemos informado sobre nuestro trabajo de denuncia y defensa de migrantes y refugiados que se encuentran en situación de vulnerabilidad en España, con la idea de que sus súplicas y quejas sean escuchadas.


Hoy presentamos el relato de un hombre camerunés que ha entrado a España en febrero de 2017 para pedir asilo político. “Algunos inmigrantes no venimos a España para tener mejor vida, a veces venimos porque es la única posibilidad de seguir con ella. El que se reconozca tu situación y te concedan unos papeles, es un calvario. Si no fuese por la ayuda que prestan las ONGS, sería insoportable.


Soy de Camerún, tengo 24 años de edad, y salí de mi país porque era perseguido por ser opositor del partido gobernante. Estábamos en una reunión- después de participar en una manifestación pacífica donde la policía nos había dispersado tirándonos piedras y a amenazándonos de muerte- cuando nos sorprendió la policía y nos detuvo sin darnos más razón, sospechábamos que era por lo ocurrido durante la protesta.


Nos llevaron a una casa del bosque, atados y con la cara tapada, logré escapar de allí, era un 6 de noviembre. Llegué al pueblo de mi abuela y cuando creí que todo había pasado, realmente seguían buscándome para matarme. Estuve un tiempo escondido allí hasta que un amigo le prestó dinero a mi abuela, para que yo huyera y eso hice en abril del 2016.


Fui hasta Nigeria en una camioneta, dos días de camino, pagando mucho dinero. Llegué al Niger, allí estuve trabajando 4 meses hasta que viajé a Argelia, donde pasé 5 meses. Después llegué a Marruecos, entré a Tánger donde trabajé 2 meses, pero por amenazas de la policía y ante mi imposibilidad de pagar una patera, me fui al bosque para saltar la valla de Ceuta, hasta que el 20 de febrero del 2017, logré saltar y entrar a España.


Nos cogió la policía y nos llevó al Centro de Internamiento de Extranjeros,lo pasé muy mal. Después de unos meses y con ayuda de una ONG, me llevaron a Arcos de la Frontera, y después a Madrid, donde me ayudan para conseguir el estatus de refugiado político, pues a mi país no puedo volver.


En España se han portado bien conmigo, aunque mucha gente nos mira mal a nosotros los negros, quizás creen que somos violentos y que tenemos alguna enfermedad, porque se levantan de nuestro lado en el metro, pero daño físico no me han hecho nunca”.


Este estremecedor relato se repite en muchas personas de diversas nacionalidades que viven hoy en España. Gente que diariamente sufre la persecución, el desarraigo, incluso clasismo y racismo, allí en esos lugares donde intentan enraizarse nuevamente para continuar viviendo. Estamos convencidos de que la lucha por ofrecerles una mejor estancia es algo que podemos lograr entre todos: acogiendo y defendiendo al vulnerable, y por supuesto denunciando a sus opresores.