Formation - 29 de septiembre de 2018

es - Ecología y Liturgia


Lucía del Carlo, RA


Introducción


“Hay una aguda patología, inherente al sistema que actualmente domina y explota al mundo : la pobreza, la desigualdad social, el agotamiento de la Tierra y el fuerte desequilibrio del sistema vida. Las mismas fuerzas e ideología que explotan y excluyen a los pobres también están devastando toda la comunidad de vida y socavando las bases ecológicas que sostiene el planeta Tierra”, Leonardo Boff.


“La ecología no trata únicamente de las cuestiones relacionadas con lo verde o las especies en extinción. La ecología supone un paradigma nuevo, es decir, una forma de organizar el conjunto de relaciones de los seres humanos entre sí, con la naturaleza y con su sentido en este universo. Ella inaugura una nueva alianza con la creación, alianza de veneración y de fraternidad. No hemos sido creados para situarnos por encima de la naturaleza como quien domina, sino para estar a su lado como quien convive como hermano y hermana. Descubrimos así nuestras raíces cósmicas y nuestra ciudadanía terrestre. Hoy no son solo los pobres los que deben ser liberados de la cautividad de un modelo de desarrollo que les niega la dignidad, dilapida sus recursos y quiebra el equilibrio elaborado a lo largo de millones de años de trabajo cósmico. El clamor de los pobres se une así al grito de la Tierra. Y a partir de ahí se ensancha la teología de la liberación verdaderamente integral y universal, porque concierne a todos y al planeta entero. La experiencia ecológica permite una nueva recuperación de lo sagrado en la creación, una nueva imagen de Dios, una concepción más amplia y cósmica del misterio cristiano y una nueva espiritualidad”, Leonardo Boff.


Lo primero para compartir con ustedes es contarles “desde dónde escribo”. Hay un “hábitat” en el cual nosotras, las hermanas en Argentina, celebramos la vida. Un “hábitat”, o también podría llamarlo “humus” o “líquido amniótico”. No son solo palabras, es “contenido”, es sustrato nutritivo de nuestra liturgia (me parece sumamente importante compartir esto pues, desde allí, nos comprenderemos y nos enriqueceremos en la diversidad de expresiones de nuestra liturgia como hermanas de una familia religiosa internacional como la nuestra), de todas las comunidades de Argentina desde que entré a la Asunción en el año 73.


La inserción


Mi comunidad actual está inserta en un medio pobre, de fronteras (Brasil y Paraguay), de “destino turístico” (Cataratas del Iguazú) al que muchos de mis vecinos no conocen por ser caro el ingreso al mismo y el transporte hasta allí ; de inmigrantes paraguayos viviendo en condiciones inhumanas : viviendas de tablas, sin agua y sin luz, viviendas con pisos de tierra, sin más trabajo que “especular” (como ellos dicen) : comprar y vender desde 1 kg de harina hasta la propia “mejora” (casitas de tablas), si fuese necesario ; sin documentación (la que cuesta dinero tramitar), sin acceso a la salud y a la educación.


Nosotras, las hermanas, vivimos en el barrio, nos encontramos en el mismo colectivo, sufrimos la falta de agua y luz (aunque no tanto como ellos, ya que tenemos pozo e instalación eléctrica más segura) y la impotencia frente a la exclusión que experimentan.


Orientaron nuestra “opción por la inserción” los documentos de la Conferencia Episcopal Latinoamericana : Medellín (en este contexto eclesial de Medellín salimos del colegio clasista que teníamos en Buenos Aires para desplazarnos geográficamente y “poner el cuerpo” en medio de los pobres), Santo Domingo, Puebla, Aparecida y finalmente la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco. Documentos que nos confirman, sostienen y desafían.


En Asís, el Papa expresó : “… Países que derrochan de forma caprichosa alimentos y recursos naturales mientras en otras latitudes millones de personas mueren de hambre. Solo cuidando la naturaleza es posible también custodiar a la gente, preocuparse por todos especialmente por los niños, los ancianos, los más frágiles”


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