Celebration - 31 mai 2018

fr - Carlos Antonio y Raúl Eduardo, asuncionistas en Argentina. 4 de junio de 1976


“Carlos Antonio y Raúl Eduardo son dos religiosos asuncionistas desaparecidos el 4 de junio de 1976 en La Manuelita (Partido de San Miguel), víctimas de la violencia que asoló a la Argentina bajo la tiranía del Proceso de Reorganización Nacional” (Roberto FAVRE, En memoria de ellos,p.5)


“Sabían que su vocación de religiosos les estaba pidiendo el más arriesgado de los testimonios, y por eso entrevieron también el martirio : “La gloria del cristiano nunca fue el éxito -escribía Raúl-, sino la Cruz”. Y proseguía : “La Iglesia es fecunda cuando tiene mártires. Hoy los hay, no sólo en el derramamiento de sangre, sino de mil maneras. Y creo que el Señor nos quiere tan enamorados de Él que no nos importe ni el cómo ni el cuándo de nuestra Cruz, sino una total incondicionalidad a su voluntad” (26.02.76). Y Carlos Antonio : “Veo que tengo un miedo constante, pero también una esperanza ciega y una fe que el Señor me regala día a día, que no me deja temer. Es raro, hay miedo dentro mío pero no temo. Él está acechando” (24.05.76). Once días más tarde sería secuestrado y hecho des-aparecer, junto con Raúl.


Con sus 31 y 29 años, respectivamente, no murieron como jóvenes ingenuos ni como idealistas absurdos, sino como hombres de fe, enamora-dos de Cristo y entregados a su causa, pues, “sabían bien en quien habían puesto su fe” : La muerte de los Hnos. Carlos Antonio y Raúl fue consecuencia aceptada de una opción de vida por Dios y por los hombres, que procedía de su fe y de su consagración religiosa” (Roberto FAVRE, Los Asuncionistas en Argentina 1910-2010, p. 250).


Hacer memoria de ellos hoy es querer aprender de su testimonio de vida para fortalecer nuestra experiencia de fe en mundo cuya historia se sigue escribiendo con la sangre inocente.


Testimonio : (del libro de Roberto FAVRE, Los Asuncionistas en Argentina, Buenos Aires, pp. 248-250) :


“Hacia 1976, los Hnos. Carlos Antonio y Raúl habían concebido un proyecto que presentaron al Superior regional. Se trataba de un tiempo de “desierto” -como ellos lo llamaban- “entendido como un tiempo de oración y reflexión para buscar la voluntad de Dios y responderle de un modo personal”. Tiempo de “desierto” y soledad eremítica en un lugar apartado del Sur patagónico, entendido como un medio para entregarse a un “cara a cara” con Dios.


Para los responsables de la Congregación, la “voluntad de Dios” se había manifestado para Carlos Antonio y Raúl en el seguimiento de Cristo según el modo de vida asuncionista. Para ellos, sin embargo, la etapa de “desierto” respondía a la necesidad de vivir con mayor intensidad el aspecto contemplativo de su relación personal con Dios, a fin de profundizar esa relación y la propia vocación.


En la correspondencia epistolar relativa a este proyecto de soledad, que hemos podido tener en nuestras manos, llama la atención la insistencia de ambos en el sufrimiento, la cruz, el martirio. Pero la cruz y el martirio aparecen en un contexto más amplio del que podía sugerir el fenómeno de la violencia represiva ; aun si hoy parece que el contexto generado por el régimen de aquellos años, es el que le confiere un sentido más pleno a esa insistencia y la transforma en algo que se asemeja a una expectativa más o menos cercana. ¿Trabajo de Dios en el alma de hombres de fe profunda, que la gracia va preparando para la entrega total y definitiva ? “Presiento que el desierto se amplía [...] Espiritualmente me siento muy igual a Jesús en su subida a Jerusalén, sabiendo que lo que le espera es difícil pero no puede dejar de hacerlo porque la hora se acerca”, dice el Hno. Carlos Antonio (29.03.76). “El Señor nos quiere [...] tan enamorados de Él, que no titubeemos en regar con nuestra propia sangre las semillas del Reino”, es-cribe el Hno. Raúl (04.02.76).


Los hechos del 4 de junio de 1976 impidieron que el proyecto de Carlos Antonio y Raúl se realizara ; pero, lo que parece desprenderse de la lectura de estos pasajes de cartas, es que el mismo fue al menos una prepa-ración para lo que vendría.


Respecto de su espiritualidad, debemos decir que la fe de ambos se hizo abandono a la voluntad de Dios, entrega al servicio del Reino, obediencia radical a Dios, bajo la forma de cumplimiento de lo que Él les anunciaba con sus señales, y de disponibilidad para lo que pudiera venir de parte del Padre. Pero esta fe los ponía en estado de apertura a la cruz, más allá de lo que ellos mismos podían sospechar. Era la cruz de la fidelidad cotidiana, de las contradicciones llenas de dolor, de la purificación interior, y la cruz del martirio que se insinuaba en el horizonte.


Esta fe tan viva se hacía esperanza ardiente y eclosión del amor. Esperanza en la Iglesia de Cristo y la Asunción : “Ya ves que la Asunción atraviesa una verdadera Pascua”, escribía Raúl (11.05.76). Amor de los hombres concretos invitados al Reino.


Fe y encuentro. Abandono e intimidad. Comunión establecida en el amor. Urgencia de purificación. Vislumbre de un “cara a cara”. Tal pareciera ser la ruta de sus vidas interiores y la síntesis de su espiritualidad. Cuan-do caiga la cruz como zarpada, será la Paz resumida en el nombre único : “¡Que la paz de Jesús esté con vos ! ¡Que la paz de Jesús esté con vos !”, fueron las palabras que dijo Carlos Antonio al Superior regional, en un llamado telefónico que le obligaron a hacer los captores en la mañana de aquel 4 de junio.


La muerte de Carlos Antonio y de Raúl, como la de muchos otros que cayeron, encuentra sentido en la frase que Dios dirige al antiguo pueblo elegido : “Tú escoge la vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando a Yahvéh, escuchando su voz, viviendo unido a Él” (66)”.


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