Témoignages - 22 de junio de 2016

es - Un contrato laboral, la gran traba para que Kenet obtenga su permiso de residencia en España


Kenet llegó a España en una patera en el año 2013 proveniente de un país africano , su meta era vivir mejor que como vivía en su país de origen. Y una vez aquí aparecieron en su día a día las siguientes interrogantes : ¿Qué hacer en este país desconocido ? ¿Cómo sobrevivir durante tres años para poder intentar iniciar un trámite que me permita obtener “los papeles”, residir de forma regular y poder trabajar realizando mis sueños ?


Desde entonces Kenet ha vivido en la calle, acudiendo a un centro público para ducharse, desayunar y comer un plato de comida caliente. Estuvo unos meses en un piso de acogida de una ONG española, variadas experiencias de vida también en pisos compartidos, desprovisto de toda seguridad, y por supuesto bajo el miedo que supone para un inmigrante africano ser interpelado por la policía española para comprobar que tenga permiso para residir en el país.


Explica que debido a las leyes migratorias que exigen un contrato laboral con una duración mínima de un año, y cuarenta horas semanales para solicitar la primera residencia, la búsqueda de empleo se convierte en una experiencia muy dura toda vez que en España predominan las ETT (empresas de trabajo temporal) que ofrecen jornadas de trabajo reducidas. Así ha transcurrido su vía crucis legal. “He buscado en el campo, en la construcción, como monitor en una ONG, dando clases de inglés, como mozo de almacén, pero nadie se compromete, y van pasando los días sin poder presentar la documentación en extranjería. No sé qué hacer”, dice.


En medio de ese “no conozco a nadie”, se va repitiendo con sus pasos vacilantes. Su confianza se refuerza al encontrar personas que le dan la mano, le escuchan, le invitan, le ofrecen su amistad y le acompañan hasta que en justicia pueda llegar un día a legalizar su situación, poner “su huella” y obtener una tarjeta de residencia, o ser ciudadano de este país y comenzar una nueva etapa…pero ¿cuándo se lo permitirán las leyes ?


Kenet, al igual que muchos inmigrantes subsaharianos, huyó de su país, temiendo la muerte, esa que varias veces ha golpeado a su familia, a sus amigos, y a su pueblo, allá se quedaron sus ilusiones, su historia. ¿Dónde irá a parar esta gran aventura, solo con su dignidad y su esperanza, caminando largas horas, en una patera a la intemperie, con hambre y frío, en medio de la noche oscura rodeados de agua a la espera que salga el sol, rogando a Dios que ilumine y caliente sus cuerpos, confiando que la mar sea buena y los “respete” con sus olas hasta llegar aquí para pasar tres años más a la deriva, viendo cada día más lejos la posibilidad de convertir sus sueños en realidad.


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