Liturgie - 5 de diciembre de 2016

es - Segunda Semana de Adviento: Pedimos Paz


Encendemos la segunda vela morada, para vivir la conversión, que es la nota predominante de la predicación de Juan Bautista.


Canto: “Desde el fondo de los siglos va elevándose un clamor,”


Salmo (del salmo 36):


Tu misericordia, oh SEÑOR, se extiende hasta los cielos,


Tu fidelidad, hasta el firmamento.


Tu justicia es como los montes de Dios;


Tus juicios son como profundo abismo.


Tú preservas, oh SEÑOR, al hombre y al animal.


¡Cuán preciosa es, oh Dios, Tu misericordia!


Por eso los hijos de los hombres se refugian a la sombra de Tus alas.


Se sacian de la abundancia de Tu casa,


Y les das a beber del río de Tus delicias.


Porque en Ti está la fuente de la vida;


En Tu luz vemos la luz.


Continúa Tu misericordia para con los que Te conocen,


Y Tu justicia para con los rectos de corazón.


Lectura: CÁNTICO DE ISAÍAS (Is 2,2-5)


Oración del Papa Francisco por las víctimas del terrorismo y por la paz en el mundo, leída por diferentes lectores en forma de intercesión:


Dios omnipotente y misericordioso, Señor del Universo y de la historia humana. Todo lo que has creado es bueno, y tu compasión por el hombre, que te abandona una y otra vez, es inagotable. Venimos hoy a implorarte que ampares al mundo y a sus habitantes con la paz, alejando de él el destructivo oleaje del terrorismo, restaurando la amistad y derramando en los corazones de tus criaturas el don de la confianza y la prontitud para perdonar. Dador de la vida, te pedimos también por todos los que han muerto, víctimas de los brutales ataques terroristas. Concédeles la recompensa y la alegría eternas.


Que intercedan por el mundo, sacudido por la angustia y desgracias. Jesús, Príncipe de la Paz, te rogamos por los heridos en los ataques terroristas: los niños y los jóvenes, las mujeres y los hombres, los ancianos, las personas inocentes y los que han sido agredidos por casualidad. Sana su cuerpo y el corazón, que se sientan fortalecidos por tu consuelo, aleja de ellos el odio y el deseo de la venganza. Santo Espíritu Consolador, visita a las familias que lloran la pérdida de sus familiares, víctimas inocentes de la violencia y el terrorismo. Cúbreles con el manto de tu divina misericordia.


Que encuentren en Ti la fuerza y el valor para continuar siendo hermanos y hermanas de los demás, especialmente de los extranjeros y los inmigrantes, testimoniando con su vida tu amor. Mueve los corazones de los terroristas para que reconozcan la maldad de sus acciones y vuelvan a la senda de la paz y el bien, el respeto por la vida y la dignidad de cada ser humano, independientemente de su religión, origen o status social. Dios, Eterno Padre, escucha compasivo esta oración que se eleva hacia Ti entre el estruendo y la desesperación del mundo.


Llenos de confianza en tu infinita Misericordia, confiando en la intercesión de tu Santísima Madre, fortalecidos con el ejemplo de tantos mártires, que has convertido en valientes testigos del Evangelio hasta derramar su sangre, nos dirigimos a Ti con gran esperanza, suplicando el don de la paz y pidiendo que alejes de nosotros el látigo del terrorismo.


Por Jesucristo, nuestro Señor Amén.