Liturgie - 9 de junio de 2016

es - Plántale cara al hambre: Siembra.


Dt. 26, 4-10 / Sal 90, 1-2. 10-11. 12-13. 14-15 /
Rom 10, 8-13 / Lc 4, 1-13
Dios no permanece indiferente a la suerte del pueblo elegido. Un pueblo que
clamó al Señor, que reconoció su presencia en la tribulación y a quien Dios
bendijo con una tierra que mana leche y miel. Es este un Pueblo de hermanos,
donde no hay distinción entre judíos y griegos, ya que uno mismo es el
Señor de todos.
Un Dios que fortalece en la debilidad, que vence a la tentación y que nos
revela la gran dignidad del hombre : criatura e hijo de Dios.


Dios no permanece indiferente a la historia de los hombres, de su pueblo y de
manera especial, siente compasión de los débiles y necesitados.
“Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres y el Señor escuchó
nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia”.
- Dios que es nuestro Padre, Creador de cielos y tierra, nos ha preparado y regalado
este mundo : “Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra
que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos
del suelo que Tú, Señor, me has dado”.
- Plántale cara al hambre : SIEMBRA. Es el lema de la Campaña de Manos Unidas
este año. La generosidad es el camino que Jesucristo, Señor de todos, nos ha
revelado y es la invitación que hoy se nos hace, para acabar con el hambre en
el mundo.
“…ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos lo que le
invocan”.
- Jesucristo al comenzar su vida pública, fue guiado por el Espíritu al desierto,
donde fue tentado por el diablo. “Y allí, donde estuvo sin comer, al final sintió
hambre”.
El Señor Jesús, que sintió hambre, nos visita y se hace presente en los hermanos
que padecen necesidad. El nos dice : “Tuve hambre y me distéis de comer”.
Acojamos hoy la invitación que la Iglesia en España nos hace : SIEMBRA, para
combatir el hambre en el mundo, para saciar el hambre de Dios en los hombres
nuestros hermanos.
- “Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos
hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados
a escuchar su grito de auxilio. Que nuestras manos estrechen sus manos, y
acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de
nuestra amistad y de la fraternidad” (MV 15).


Manos Unidas