Témoignages - 5 de febrero de 2018

es - Frontera Sur: en los CIES de Algeciras y Tarifa


En el mes de abril de 2017 nos pidieron a Pilar Trillo y a mi la posibilidad de visitar el CIE de Tarifa y más tarde el de Algeciras cada semana como traductoras del francés al español con la Asociación Claver perteneciente al SJM (Servicio Jesuita de Migraciones).


Los CIE (Centros de Internamiento para Extranjeros), fueron previstos por la Ley de Extranjería como lugares de internamiento sin carácter penitenciario. Sin embargo la presencia de la policía y el régimen en el que viven, esto se puede poner en duda.


Estos centros dependen directamente del Ministerio del Interior. Estos centros habrían de estar dotados de servicios sociales, jurídicos, culturales y sanitarios. Digo deberían porque la realidad es toda otra.


Son lugares donde el extranjero que llega indocumentado, es cogido por la policía, bien en masa cuando llegan en pateras, o en la calle cuando hacen redadas, son internados, privados de libertad y no siempre respetados los derechos humanos.


La resolución para el internamiento ha de ser realizada por un juez y el tiempo máximo que pueden estar es de 60 días. Durante ese tiempo se lleva a cabo la orden de expulsión y cuando no es posible porque no hay acuerdos con sus países de origen, son menores…., son puestos en libertad. Esto no implica que se regularice la situación, sino que las personas se quedan como en un limbo jurídico sin los permisos de estancia y residencia. La situación de los internos es lamentable.


El CIE de Algeciras, antigua prisión abandonada por estar en mal estado y el de Tarifa, un antiguo cuartel en un islote, no son lugares de acogida humana. Los servicios sociales, médicos, jurídicos y culturales son muy precarios.


En Tarifa y Algeciras la Cruz Roja tine presencia en ellos pero su labor es limitada. La Asociación Claver comenzó en 2016 a entrar en estos CIE con el objetivo de velar por el acompañamiento y defensa de los derechos de las personas que se encuentran internas. El régimen interno es muy estricto. Cuando entran son despojados de las pocas cosas que traen. El uso del teléfono está restringido, no pueden tener móviles y mismo nosotras hemos de entrar solamente con el DNI (Documento Nacional de Identidad).


Cuando nos pidieron a Pilar y a mi la posibilidad de participar como voluntarias que necesitaban para la traducción del francés al español, nos pareció que era bueno participar y aportar nuestro grano de arena en ese mar de injusticia y violación de los derechos de las personas.


Mi experiencia es fuerte. Las historias de cada persona que en su mayoría llegan huyendo de la violencia de la guerra, la persecución religiosa o étnica, el hambre…., en busca de “la vida” y a la vez arriesgando su vida. Llegan en pateras a través del Mediterráneo que se ha convertido en un gran cementerio. A través del desierto donde ven morir a sus compañeros a lo largo de las largas travesías, o después de pasar años en la montaña de Marruecos en condiciones infrahumanas esperando poder saltar la valla.


Vamos siempre en grupo de tres personas; abogada, voluntaria/o y traductor/a. Cuando escucho y traduzco todas esas historias, los sentimientos que me habitan son innombrables, así como la rebeldía ante tanto dolor, sufrimiento, ilusiones frustradas, e injusticia.


En cada CIE solo podemos estar dos horas a la semana por lo que solamente podemos atender a tres internos en cada uno. Hay todo un protocolo de cuestiones, cuándo han llegado, cuánto tiempo llevan en el CIE, si al llegar fueron atendidos por un juez y un abogado, un médico en su lengua, si les dijeron cuáles eran sus derechos…. Igualmente también, si cuando llegan al CIE les han dado las normas en su lengua, si están atendidos con ropa, alimento, abogado…. Si desean pedir asilo, junto con otra organización (Algeciras Acoge), vemos cómo van las diligencias administrativas y para ello la abogada contacta con los abogados de oficio. Si se detectan que son menores la abogada se pone en contacto con el abogado de oficio para aligerar la salida del CIE a un centro de menores. Hay días que son más duros que otros dependiendo del perfil de los internos que hemos podido contactar.


Es duro cuando he tenido que traducir la orden de expulsión, o cuando el menor por estar entre los 17 y 18 años es difícil que lo reconozcan como menor. Ante toda esa gente joven que arriesga su vida en busca de libertad o de trabajo para poder vivir, las entrañas se me conmueven ante tanta injusticia y al mismo tiempo siento una mirada de ternura hacia cada uno, así como las limitaciones para ayudarles.


Con las informaciones que tenemos la Asociación ha podido hacer algunas denuncias y sobre todo divulgar a través del SJM la injusticia de la existencia de los CIE y la necesidad de cambio de las políticas migratorias.


Con otras organizaciones defendemos la necesidad del cierre de los CIE por lo que supone de vulneración de los derechos humanos, pero mientras existen intentamos estar atentas a salvaguardar los derechos de las personas allí retenidad.


Este curso en Algeciras y Tarifa solamente hay marroquíes y argelinos. La política ha decidido que los subsaharianos pasen a centros de acogida pero no sabemos donde ni como. Los marroquíes y argelinos son candidatos de expulsión, huyen de la pobreza y los problemas políticos.


El deseo de la mayoría es llegar a Francia donde tienen familia. Siento que estas personas están en el corazón de nuestra misión, es llegar a la frontera física del sur de Europa, constatar la injusticia, el fracaso de las políticas migratorias y la impotencia. También la frontera cultural con cada interno.


Yo doy gracias a Dios por esta pequeña oportunidad y aunque realmente el día es cansado de 8,30 a 21,30 porque el viaje es largo. Es un día de gracia donde tengo la posibilidad de estar cerca y ofrecer una mano amiga a personas en situaciones muy duras.


Mercedes Martínez, hermanita de la Asunción