Témoignages - 1ro de junio de 2016

es - Seguimos nuestra ruta en Kinshasa


Estimados amigos : Paz y Bien.


Seguimos nuestra ruta en Kinshasa. En varias ocasiones, os he hablado de la República Democrática del Congo. Situada en el centro geográfico de África, nuestro país, con sus más de 2.345.000 Km2 (cuatro veces la península Ibérica) y sus más de 60 millones de habitantes, es un enorme entramado de etnias (250), lenguas (242) y ecosistemas.


Territorio del gran Reino del Congo (siglo XV), la historia reciente de la R.D. Congo sufrió un proceso de colonización especialmente brutal por parte de Bélgica (Congo belga) hasta su independencia en 1960.


Desde esa fecha, la historia de la R.D.C. (desde 1971 a 1997 se llamó Zaire) ha transcurrido bajo coyunturas políticas de signo dictatorial y corrupto que han propiciado la ruina económica y un clima social de guerra que todavía no ha dicho su última palabra.


Provisto de muchísimos recursos naturales (quizá la región más rica de África), desde mediados de los años 90 y como consecuencia del genocidio de la vecina Ruanda y los desplazamientos de personas que provocó, el este congoleño (especialmente la Provincia del Kivu del Norte) viene sufriendo una situación de guerra abierta o larvada en la que han participado países limítrofes y que han podido causar la muerte de más de 6 millones de personas. Se está sufriendo un drama peor que lo que ocurrió en la segunda guerra mundial, drama casi invisible a los ojos de los medios de comunicación del primer mundo ; una guerra económica que esconde, tan solo, un esfuerzo por el control de la extracción de minerales como el oro, el uranio, los diamantes y las piedras preciosas, y en especial, el coltán. Este último (colombita-tantalita) es uno de los minerales más cotizados y codiciados por su carácter estratégico en las nuevas tecnologías.


Sus condiciones de “superconductividad” lo hacen indispensable en las armas de última generación, los trenes de levitación magnética, la medicina y, especialmente, en las telecomunicaciones). Y el 80% de las reservas mundiales de este polvo gris está en una región del este del Congo. Ya nadie duda de que los movimientos armados de esta zona limítrofe con los Grandes Lagos, tienen que ver especialmente con el control de las minas del coltán, y con su distribución ilegal (contrabando) hacia países productores de alta tecnología. Desde mediados de los años 90, la provincia de Kivu está controlada por ruandeses y ugandeses y la explotación de las minas de coltán es su objetivo más claro.


Esta situación de conflicto permanente causa, además, y de manera directa, situaciones extremas de injusticia con la población de esa zona africana, y en especial :


- La explotación, en régimen de semiesclavitud, de los mineros, muchos de ellos niños, y sometidos a enfermedades por radiación.


- El reclutamiento de “niños soldados” para el mantenimiento de las numerosas guerrillas que controlan la zona.


- Las violaciones sistemáticas de mujeres campesinas por las distintas guerrillas y que, a tenor de algunas fuentes de ONU, tiene el mayor índice del mundo.


- El continúo desplazamiento de centenares de miles de pobladores a quienes se impide un medio estable de vida, de manutención y, a veces, supervivencia.


Son cada día más las voces autorizadas que acusan a países de nuestro entorno una actuación decisiva para el mantenimiento de esta letal inestabilidad en la zona para beneficiarse de la riqueza mineral (coltán, diamantes, oro…), y no menos las que involucran documentalmente a las empresas multinacionales consumidoras del coltán (IBM, Motorola, Nokia, HP, Ericsson, Siemens, Sony, Bayer…) con este tráfico ilegal.


Entre octubre de 2014 y mayo de 2016, alrededor de la ciudad de Beni, más de mil civiles han sido asesinados, en su mayoría con cuchillos. Llevábamos un tiempo sin conocer una matanza de tal magnitud y tal brutalidad. Paradójicamente, la identidad de los criminales sigue siendo un enigma controvertido. A pesar de este grado de violencia, todavía ninguna investigación exhaustiva no se ha iniciado ni por parte del gobierno central de Kinshasa, ni por las Naciones Unidas o las organizaciones no gubernamentales, etc. Los pobres campesinos que no tienen ninguna culpa que el hecho de ser campesinos en sus campos están pagando la gran factura de aquello. Las imágenes son horrorosas (cf. www.benilubero.com). Hoy día, a nivel político, todo sigue igual. Kabila está tomando nuevas estrategias para brindar un nuevo mandato.


Hay mucha miseria en la RDC, sobre todo en las zonas rurales del país. La riqueza del coltan y otros minerales nunca han revertido en la población de la RDC. Sus riquezas son la fuente de su “desgracia”.


Sin más, recibid mis cordiales saludos desde Kinshasa


Michaël Tsongo, a.a.