Formation - 11 de abril de 2017

es - El Estado de la Desigualdad


El deseo utópico de “otro mundo posible” necesita definir su propuesta política, precisa de una formulación eutópica (eu= bueno, topos= lugar) de “otro mundo mejor” (Laguna, 2015)


Este “otro mundo mejor” plantea retos globales y hace necesarias políticas universales. Un escenario incómodo para políticas cortoplacistas marcadas por los ciclos electorales. Todas las opciones políticas (de izquierdas, de derechas, si es lícito seguir utilizando esos términos) parecen irremediablemente abocadas a aplicar las mismas políticas tecnocráticas. Y éstas sólo sirven a los intereses económicos de unos cuantos.


El mercado parece el único horizonte, la única escatología posible. Pero es evidente que la divinización del progreso económico no nos conduce por la senda de mayor bienestar (y mayor justicia) para mayor número de personas.


El Banco Mundial admite en su informe de 2016 que el crecimiento económico se muestra decepcionantemente ineficaz en la reducción de desigualdades. El crecimiento no basta para la consecución de un crecimiento inclusivo y equitativo (Mundial, 2016)


La comunidad internacional ha logrado grandes avances sacando a las personas de la pobreza. Las naciones más vulnerables –los países menos adelantados, los países en desarrollo sin litoral y los pequeños Estados insulares en desarrollo– continúan avanzando en el ámbito de la reducción de la pobreza. Sin embargo, siguen existiendo desigualdades y grandes disparidades en el acceso a los servicios sanitarios y educativos y a otros bienes productivos.


Además, a pesar de que la desigualdad de los ingresos entre países ha podido reducirse, dentro de los propios países ha aumentado. Existe un consenso cada vez mayor de que el crecimiento económico no es suficiente para reducir la pobreza si este no es inclusivo ni tiene en cuenta las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental.


El mundo sigue inmerso en una crisis mundial de desigualdad (Hardoon, 2017):


• Desde 2015, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el resto del planeta.


• Actualmente, ocho personas (ocho hombres en realidad) poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas (la mitad de la humanidad).


• Durante los próximos 20 años, 500 personas legarán 2,1 billones de dólares a sus herederos, una suma que supera el PIB de la India, un país con una población de 1.300 millones de personas.


• Los ingresos del 10% más pobre de la población mundial han aumentado menos de 3 dólares al año entre 1988 y 2011, mientras que los del 1% más rico se han incrementado 182 veces más.


• Un estudio del economista Thomas Piketty revela que en Estados Unidos los ingresos del 50% más pobre de la población se han congelado en los últimos 30 años, mientras que los del 1% más rico han aumentado un 300% en el mismo periodo.


Los hechos demuestran que, por encima de un determinado umbral, la desigualdad perjudica al crecimiento y la reducción de la pobreza, a la calidad de las relaciones en los ámbitos público y político de la vida, y al sentimiento de realización y autoestima de las personas. (http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/inequality/)


Instituciones de vocación universal como Naciones Unidas plantean en el marco de los objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) retos que se extienden, en el espacio, a toda la comunidad humana y, en el tiempo, a un horizonte temporal (2030) a la que no suelen referirse los políticos nacionales.


Reducir las desigualdades es el ODS nº 10. Garantizar la igualdad de oportunidades y reducir la desigualdad de los resultados, en particular mediante la eliminación de las leyes, políticas y prácticas discriminatorias y la promoción de leyes, políticas y medidas adecuadas a ese respecto. Todo ello para lograr un crecimiento económico de los ingresos del 40% más pobre de la población a una tasa superior a la tasa nacional.


Aunque resulte arriesgado señalar entre tantos objetivos vitales (los ODS) uno sobre los demás, a mi parecer el de la reducción de las desigualdades sintentiza bien los retos de ese “otro mundo mejor” que mencionábamos al comienzo del texto. Y es que un mundo con los actuales (y crecientes) niveles de desigualdad pone en peligro la democracia inclusiva y participativa (Francisco, 2015) e impulsa a los países a posiciones proteccionistas, a escuchar los intereses creados y de olvidarse de trascender los intereses nacionales (Christine Lagarde, 2017). La desigualdad es, como dice la propia Christine Lagarde, sencillamente, una mala política económica.


Pilar Trillo, hermanita de la Asunción


Francisco, P. (2015). Discurso en la Asamblea Plenaria Consejo Pontificio Justicia y Paz.


Hardoon, D. (2017). Una economía para el 99%. Retrieved from https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/bp-economy-for-99-percent-160117-es.pdf


Laguna, J. (2015). Pisar la Luna. Escatología y política (Cuadernos Cristinanismo y Justicia No. 195).


Mundial, B. (2016). Informe Anual 2016.