Témoignages - 6 de octubre de 2014

es - Interculturalidad en la vida comunitaria y en la misión

Soy Religiosa de la Asunción desde que tomé el avión allá por 1956 en Buenos Aires, Argentina, para dejar mi casa y llegar al noviciado en Auteuil, París, Francia, …Allí me encontré con una comunidad intercultural: éramos postulantes y novicias ruandesas, japonesas, filipinas, belgas, francesas, italianas, españolas y una argentina. Nuestra Maestra de novicias era francesa, una mujer “écouteuse”: sabía escuchar. Y de allí guardo amigas fieles, sobre todo una entonces llamada entonces Dominico Savio y que hoy retomó su nombre de Languida. Somos una para la otra “la otra mitad”, aun sin comunicarnos mucho. Esto es un don de Dios que ambas hemos sabido reconocer y acoger… Esta amistad “intercultural” me ha enseñado mucho sobre la riqueza de la diversidad acogida con amor.
Hace unos años, con ocasión de una de las tantas veces en que me tocó participar en un Capítulo General, un sacerdote jesuita francés me preguntó –al escucharme hablar fluidamente en esa lengua- “Qué hace usted tanto tiempo en Francia?” Y le respondí “Preguntarme cuando los franceses van a descubrir que no son el centro del mundo”. Se rio y me dijo: “Eso nunca! Porque lo somos! ”

Y desde esta experiencia quiero partir para desentrañar los desafíos de la interculturalidad

1. El primer desafío es descentrarnos. Como decía Clare Teresa, hermana de EEUU de NA, con larga experiencia en Francia y por el mundo: “todos tenemos que perder algunas plumas en un encuentro intercultural”. En efecto, recién entonces podremos acoger la diversidad del otro como riqueza.
Hoy los jóvenes llevan mucha ventaja en esto: la globalización le hace saltar las fronteras e integrar las diferencias con mucha más facilidad que en mi juventud…pero entonces el desafío es
2. afirmar nuestra identidad nacional, apoyarnos en nuestras raíces propias, las de nuestro pueblo. Es la necesidad que sentí ya en el noviciado y, con una postulante recién llegada de Argentina presentamos a nuestras compañeras la figura del gaucho, con versos del Martín Fierro . Y creo que este desafío es algo muy importante para los jóvenes. Tienen que conocer y valorar lo que son, no renegar de sus raíces, no caer en lo que persigue esta “educación única” que mira todo desde el modelo europeizante. Pero
3. ambos desafíos deben encararse juntos. Si así lo hacemos, si afirmamos nuestra identidad al mismo tiempo que vamos ’’perdiendo algunas plumas’’, esta afirmación de lo propio no va a ser al modo integrista. Va a ser al modo de Santa María Eugenia de Jesús que decía ’’Es una locura no ser lo que somos con la mayor plenitud posible”…lo decía y lo era. Integró en su seguimiento de Jesús el espíritu de libertad, de fraternidad, la fe iluminando la razón, que movía a su pueblo, y así nos invitó a vivir
Dos filósofas argentinas lo dicen de otra manera: “Bajo la forma implacable que adopta hoy la dominación imperialista, la identidad nacional se afirma recuperando las raíces de un pasado común, pero esto supone una exigencia primordial: el ejercicio de una praxis de dimensión social revolucionaria. La praxis del “naides más que naides” que un caudillo de tierra adentro argentino, Felipe Varela, hizo suya, expresa la fuerza nacional de reivindicación social que sustenta toda política antiimperialista realmente revolucionaria” .
4. Pero al encararlos juntos, desconfiar de las zonceras que acuña el coloniaje interno. La visión de muchos pensadores y, en general de la historia oficial de Argentina –y de la misma educación estatal- era la que una máxima acuñada por un prócer que impulsó la escuela pública: "Civilización o barbarie". Lo primero era lo europeo, la barbarie era lo de nuestras culturas criolla o indígena. Y esa "zoncera argentina" perdura en la mentalidad de muchos. Dice un pensador que descubrió a muchos la realidad del país: "La idea no fue desarrollar América según América incorporando los medios de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América trasplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podría ser obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa y no según América”

En la vida comunitaria: esto supone:

• El aprender la lengua y la manera de captar la realidad de la otra. En un Capítulo General en que buscábamos como concretar nuestra opción por los pobres –cosa muy discutida entonces en Europa con un cuestionamiento: quienes son los pobres?- Una delegada ruandesa nos interpeló diciendo: “Nosotros nunca vivimos las diferencias entre ricos y pobres hasta que llegaron los blancos”. Le siguió un silencio largo en la asamblea: estábamos aprendiendo lo que la experiencia africana nos enseñaba a las “blancas”. En mi comunidad somos tres argentinas y una española. La interculturalidad no toca solo a la española. Dado las mezclas de sangre y culturas que se dan en nuestro pueblo entre las tres argentinas tenemos diferencias culturales pronunciadas. Por eso necesitamos:
• Una escucha que “va detrás de las palabras”. Varias veces, mis hermanas me dijeron: “Te quedás en las palabras” Y es así. Doy un ejemplo: mientras estaba trabajando en la computadora una hermana se sentó a mi lado, me dijo: “No vengo a hablar” y…comenzó a contarme cosas que le pasaban. Queriendo terminar mi trabajo le dije: “Vos me dijiste que no venías a hablar”…hasta que, ante su desconcierto, caigo en la cuenta que estaba buscando un desahogo sin darle el título de “hablar”. Me había quedado en las palabras, sin atender al lenguaje corporal de mi hermana. Semanalmente hacemos en comunidad un encuentro de Palabra y Vida. Y allí, siguiendo los guiones del CEBI, vamos aprendiendo lo que Carlos Mesters enseña para leer la Biblia: No quedarse en la letra. La Biblia no es solo historia, es una gran parábola. Nos muestra que toda la historia humana conduce a la resurrección. Y así, detrás de las palabras tenemos que encontrar al Espíritu. Y eso tenemos que hacerlo en la vida cotidiana
• Un diálogo poblado de silencio: Encontrar al Espíritu es lo que nuestra fundadora trató de ayudarnos a hacer. Los medios que buscó con tesón fueron la recitación del oficio divino en coro, la adoración del Santísimo, el silencio, fuente de en una acción educadora que transforme la sociedad. Queremos ser comunidades contemplativas: rezar y escuchar… y ayudar a otros, a otras a ser comunidad, semilla de comunidades. Y en “Asunción Juntos” comenzamos el encuentro mensual con la adoración del Santísimo expuesto … “Qué bien nos hace el silencio” fue el eco que escuchamos antes de comenzar el tema que íbamos a tratar

En la misión:

• saber pasar la antorcha a las nuevas generaciones, lo cual incluye narrar nuestra historia, presentar las figuras relevantes de nuestro pasado, recoger las sentencias que dicen lo que somos, los cantos, himnos, bailes…Y, claro, bailar al ritmo de los otros, vibrar con su historia, escuchar sus fábulas, sus mitos.
• También saber aprovechar los aportes diversos. La internacionalidad es una herramienta que tiene un peso grande en esta etapa de nuestra historia. Lo tuvo en la época colonialista, lo tiene en esta época global. Nosotras lo experimentamos durante los “acontecimientos” de 1994 en Ruanda. Nuestras comunidades tuvieron que desplazarse. La de Mukarangué, por ejemplo, se refugió en un espacio diocesano donde hermanas de otras congregaciones, todas ruandesas, compartían su angustia porque “nadie nos busca aquí”. Cuando logramos localizar a las nuestras y, por medio de “Médecins sans frontières”, mandarles cartas. ¡Cómo bendijeron ellas pertenecer a una congregación internacional! Y más tarde la Hermana Clare Teresa, más una hermana española que fue misionera en Rwanda , otra inglesa misionera en Kenia y una laica amiga de los Estados Unidos, pudieron llegar hasta los diversos lugares donde se habían refugiado y rescatarlas trayéndolas a comunidades de otros países vecinos. Hasta ese momento las hermanas ruandesas estaban presas del conflicto de etnias que marcaba a su pueblo: eran tutsis, hutus o twa. El colonialismo endureció este conflicto y lo armó (quien sino proveyó a los tutsi el misil con el que derribaron el avión en que el presidente hutu viajaba …lo que marcó el comienza de la matanza interétnica ?) Pero la intervención de personas blancas logró hacer recuperar la libertad, alejarlas del lugar de los hechos…y ahora están tratando de vivir la reconciliación en su propia tierra.

• La experiencia nos dice que debemos desconfiar de las zonceras que la colonización interna propaga. “("Civilización o barbarie" texto citado antes)

• Pagar el precio. Justamente antes de ese conflicto, una hermana tutsi llamada Boniface, que estaba en otra provincia africana pidió a nuestra coordinadora general: “Déjame ir a evangelizar a mi pueblo” Y allí fue. Cuando se desató la violencia Boni estaba en Birambo y allí fue testigo de la requisición por parte del ejército hutu del dispensario y de la comunidad. Se refugió con esta en la parroquia vecina, junto con dos sacerdotes y tres novicias de las Hijas de la Caridad. Un destacamento vino a buscarlos, dieron sus nombres y les dijeron que por tutsis iban a morir. Allí no sirvió que dos hermanas belgas salieran a interceder por “los condenados”. Solo les garantizaron que iban a tener “una muerte limpia”. Y Boni, al seguir al pelotón se volvió a sus hermanas y les dijo adiós con la mano, una sonrisa y “Morabejo” (hasta luego en kiñaruanda). La evangelización, desde el mártir del Calvario, tiene su precio

Sor Adela María Helguera
San Miguel, Argentina – julio 2014