News - 27 de febrero de 2014

es - El agua, derecho y sentido. Una mirada desde Burkina Faso

No es lo mismo escribir un artículo sobre el agua desde Burkina en el mes de agosto, en una noche de lluvias torrenciales y cuando el maíz y el mijo verdean por cualquier rincón del país, que hacerlo en este final de febrero, en mitad de la estación seca y cuando la temperatura empieza a tomar vuelo. Sobre todo, si –como ocurre desde hace 5 meses- los cortes de agua son diarios desde las 8 de la mañana hasta las 3,5, 7 o 9 de la noche… y no porque la sequia sea especialmente cruda, sino porque hemos llegado demasiadas personas a la vez a este sector y la instalación general del agua no había previsto la « demanda », con lo cual el agua es insuficiente y se procede a la construcción de una nueva infraestructura que pueda abastecer a esta zona de la ciudad que se crece.
No es lo mismo hablar del agua desde el mundo de la abundancia, que desde el mundo de la escasez… pero el valor es el mismo, y la necesidad también.
En todo caso, este es el marco que nos ha permitido buscar, pensar y discutir con otros, - sin apenas saber nada-, sobre el asunto del agua, desde Burkina Faso.
Y lo hacemos aprovechando la ocasión para implicarnos también nosotras un poco más en el cuidado de nuestro planeta… como dice el buen humor burkinabé con el que se miran los acontecimientos: « Cuando se rompe el botijo sobre tu cabeza, tienes que aprovechar para lavarte ». Lo cual nos habla de una cultura del « saber sacar bienes de males » pero también de una cultura que conoce el valor del agua y la necesidad de saberla aprovechar.

Nos gustaría hablar del agua como SENTIDO… En el agua esta nuestro origen vital y el origen de la mayoría de las culturas, de los pueblos. En Burkina, la acogida y la hospitalidad se marcan por el ofrecimiento del agua fresca al entrar en una casa… antes que la palabra, el agua para refrescar al caminante. Y algunos ritos de acogida, marcan también el sentido que el agua aporta a las relaciones: el agua que apaga el fuego, que apacigua el conflicto, por eso se vierte una calabaza de agua en el suelo para que atraviese el recién llegado: deseo de que el tiempo que se comparte la vida, sea un tiempo de paz. En la cultura bobo, verter el agua es demanda de perdón, de reconciliación.

El agua en muchas culturas adquiere un carácter sagrado… en el cristianismo también. Es el agua que marca nuestra entrada en la comunidad de creyentes. El agua de la “vida eterna” que Jesús promete a la samaritana, la “hermana agua, tan útil, humilde, preciosa y casta” para Francisco y el “agua que mana y corre aunque es de noche” para Juan de la Cruz… el agua resumen de todo en el Apocalipsis: “Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin. Al que tuviera sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida”. (21,6)

Y en consecuencia, nos gustaría hablar del agua como DERECHO.
Existe un reconocimiento creciente de que el acceso al agua potable y al saneamiento debe ser abordado en el marco de los derechos humanos. Es una cuestión de dignidad. El derecho humano al agua es indispensable para vivir dignamente y es necesario también para la realización de otros derechos humanos, como el derecho a la vida, a la alimentación, a una vivienda adecuada, el derecho a la salud y a la educación.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha definido el derecho humano al agua como
El derecho de todas las personas a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal y doméstico.
Es por esto, que derecho al agua y al saneamiento van unidos. Subrayan además los expertos que el agua debe tratarse como un bien social y cultural, y no fundamentalmente como un bien económico…
E inevitablemente, tenemos que hablar de cifras, porque nos hemos acostumbrado tanto a cuantificar las cosas, que si no es a través de los números, se nos hacen invisibles.
Se considera que en torno a 900 millones de personas en el mundo se ven privadas de acceso a agua limpia y aproximadamente 2.600 millones no tienen acceso a un saneamiento adecuado
Casi 2 millones de niños y niñas mueren cada año por enfermedades relacionadas con falta de agua limpia y saneamiento adecuado. Esto viene a sumar casi 5000 muertes diarias. En conjunto, el agua sucia y la falta de saneamiento constituyen la segunda causa de mortalidad infantil en el mundo
En el África Subsahariana, tratar la diarrea alcanza el 12% del presupuesto para salud y el 5% del PIB.
En el estudio del sector que hicimos como Comisión Parroquial de Justicia-Paz-Reconciliación, la responsable del Centro de Salud de nuestro barrio nos decía:

« Nuestra mayor preocupación son las enfermedades hídricas. Yo no sé por qué encontramos tantas enfermedades de este tipo en el sector, ya que disponemos de un buen número de fuentes de agua potable. Pero hay también la ausencia o insuficiencia de letrinas en determinados puntos del barrio y el contacto permanente con las heces de animales. La situación de los suburbios favorece la cría de animales."

Burkina Faso, siendo un país enclavado que se extiende hasta la región del Sahel, una de las más áridas del mundo, el agua constituye uno de los desafíos más importantes para las poblaciones y las actividades que les son tributarias. En efecto, la economía burkinabé sigue estando basada mayoritariamente en la agricultura y la ganadería, con fines alimenticios y de exportación. El agua es un combate de todos los días a causa del clima seco y de la pluviometría escasa. De hecho, de todo el territorio de Burkina Faso, solo el 0,1 % está recubierto de agua.

Las precipitaciones débiles y también la débil capacidad de absorción del suelo, contribuyen mayoritariamente a alimentar cursos poco caudalosos que vierten sus aguas hacia los países vecinos del sur.
Pero, como afirma Vandana Shiva, la escasez de agua “está mas relacionada con factores sociales, políticos y económicos que con factores naturales, por ello suele decirse que mas que una crisis de agua, el mundo se enfrenta a una crisis de gobernabilidad del agua.
Los Informes de organismos internacionales afirman que, en materia de acceso al agua potable, Burkina ha hecho un esfuerzo remarcable para acercarse a los Objetivos del Milenio en 2015. Volvemos a utilizar las cifras:
Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, la tasa nacional de acceso al agua potable, ha pasado del 18,3% en 1993 al 59% en 2008. Pero según las estadísticas del Ministerio encargado del tema, en el marco del Programa Nacional de Abastecimiento de Agua potable y de saneamiento (PN-AEPA), el país no podrá alcanzar en el 2015 el objetivo fijado del 79%. Otros Programas de control, afirman lo contrario, subrayando las reformas llevadas a cabo por el país en estos últimos 10 años en materia de gestión de infraestructuras hidráulicas en medio rural y semi-urbano, la adopción de una ley de orientación relativa a la gestión del agua y la creación de un Plan de acción para la gestión integrada de recursos en agua.
Con respecto al saneamiento, las estadísticas coinciden: con una tasa del 27% por ciento de acceso de la población (en 2013), el país no podrá alcanzar el objetivo previsto del 55% en 2015.

Y esto, teniendo en cuenta el abismo existente entre el medio rural (en el que habita el 81% de la población) y el medio urbano en Burkina Faso.
Es cierto que se han construido y se construyen cada día embalses, pozos, kilómetros de conducciones de agua potable y que el Gobierno ha tomado medidas para promover el acceso al agua reduciendo los costes de la conexión a la red a la mitad, pero en los pueblos se estima que la cuarta parte de los pozos son inutilizables. Lo cual demuestra que no se tuvieron siempre en cuenta los contextos socioeconómicos en los que se implantaban las infraestructuras, ni los aspectos de gestión, conservación y mantenimiento.
En las ciudades, a las escasas lluvias y al contexto hidrológico poco favorable, se suman el crecimiento demográfico, el urbanismo incontrolado y las frágiles economías de la población. La propia Oficina Nacional del Agua declara que el abastecimiento de agua es insuficiente, incluso para la población de la capital.
En la gestión del agua y el saneamiento un exceso de burocratización y la multiplicidad de agentes internos y externos que intervienen en la misma, no facilita la tarea.
Pero bajemos a la realidad de cada día… En el paisaje urbano de nuestro barrio periférico, desde bien temprano, las mujeres y los niños se alinean junto a las fuentes públicas, bien distribuidas en todo el sector para comprar “el agua nuestra de cada día”, a 10 francos el cubo, a 50 el bidón pequeño y a 250 el gran bidón para el que se necesita un medio de transporte (carreta que puede ser tirada a mano o por un burrito)…El agua representa entre el 10 y el 20 por ciento del presupuesto familiar.
Una de nuestras vecinas con un gran barreño lleno de agua en la cabeza, y a su lado, una pequeña de menos de tres años que arrastra su bidón con dificultad… Al intentar ayudarla, su madre, amablemente responde: “Tiene que aprender, nadie lo hará por ella”. El agua es una cuestión ligada a las tareas femeninas. De hecho, una de las causas del retraso en la escolarización de las niñas, sobre todo en el medio rural.
 A continuación, estas mujeres y niñas irán a buscar el otro elemento necesario para la vida cotidiana: el carbón o la leña para cocinar, calentar el agua. La tala abusiva de arboles, los incendios provocados en la sabana, la divagación de animales… contribuyen cada día a la destrucción de la vegetación, hacen ganar terreno a la desertización y disminuyen las posibilidades de lluvias. El “círculo vicioso”. Numerosas asociaciones de mujeres sensibilizan contra la tala abusiva y ofrecen alternativas “comerciales” a aquellas que arriesgan cada día su vida entrando en los bosques para buscar furtivamente la leña para vender.

Si a mitad de la mañana la sed aprieta y el agua no ha venido, en cualquier esquina tenemos acceso al agua que se vende en botellas o en bolsas de plástico perfectamente etiquetadas, aun cuando la Liga de Consumidores de Burkina nos advierte que la mayor parte provienen del grifo y son embalsadas ilegalmente en domicilios particulares… y además de la calidad y del gasto que suponen, está el « residuo » del plástico que vendrá a contaminar suelos y ríos. El gran “negocio” del agua que pervierte su derecho y su sentido.

Y por si fuera poco, « encontramos el oro »… Burkina que en el ranking de países se coloca en la 183 posición en 2013, viene a ocupar la 6° en África en producción minera: desde 2009, el oro se ha convertido en el primer producto de exportación del país. Las consecuencias de la aparición de centenares de lugares de extracción aun no han podido ser valoradas en toda su amplitud, pero las más sangrantes son el coste de vidas humanas, el abandono escolar de los menores que son enviados a las minas por su mayor facilidad de acceso a los pozos y túneles y la contaminación de las aguas superficiales y profundas. (ver fotos)

“El pez confía en el agua y es en el agua que se le cocina” dice otro proverbio burkinabé.
La escasez y la abundancia no son algo determinado por la Naturaleza, sino que son el resultado de una cultura del agua. Una cultura que cada uno y cada una de nosotros estamos llamados a construir, a crear. Hay culturas que derrochan el agua y que destruyen la delicada trama del ciclo del agua, creando escasez incluso en medio de la abundancia. Las hay que preservan cada gota de agua, sacando abundancia de la escasez.
En nuestro barrio, contemplamos muchas veces a los niños… nos maravillamos de verlos regar las plantas de nuestro patio, con el cubo en una mano y la cuenca de la otra depositando pequeñas cantidades en cada maceta, la justa medida…sin que nada se pierda ni se caiga, y dejando en el cubo un pequeño resto, lo necesario para lavar las manos y los pies que han estado en contacto con la tierra, y aun un poco para dejar limpio el cubo. Nos sorprende su destreza en el cuidado del agua.
Únicamente los niños saben lo que buscan” decía A. de Saint-Exupery
—¡Buenos días! —dijo el principito.
—¡Buenos días! —respondió el comerciante.
Era un comerciante de píldoras perfeccionadas que quitan la sed. Se toma una por semana y ya no se sienten ganas de beber.
—¿Por qué vendes eso? —preguntó el principito.
—Porque con esto se economiza mucho tiempo. Según el cálculo hecho por los expertos, se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
—¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
—Lo que cada uno quiere... "
"Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos —pensó el principito— caminaría suavemente hacia una fuente..."

La propuesta de asignar valores de mercado a todos los recursos como solución a la crisis ecológica equivale a presentar la enfermedad como cura dice Vandana Shiva. La protección de los recursos naturales vitales no puede garantizarse solamente a través de la lógica del mercado. Requiere la recuperación de lo sagrado y del bien común; del sentido y del derecho.
Bobo-Dioulasso, 26 de febrero de 2014
Comunidad de Hermanitas de la Asunción

Bibliografía
INGENIERIA SIN FRONTERAS- Asociación para el Desarrollo y UNESCO ETXEA (2010) :
Derecho al agua. Implementación del Derecho Humano al Agua.

SHIVA, Vandana (2004) : Las guerras del agua. Contaminación, privatización y negocio. Ed. Icaria-Antrazyt

http://www.un.org/africarenewal/fr/magazine/july-2007/lutte-contre-la-s%C3%A9cheresse-au-burkina-faso#sthash.7eA3SOwS.dpuf
https://www.one.org/fr/

Programme d’action national d’adaptation aux changements climatiques (PANA), http://www.un.org/africarenewal/fr/magazine/july-2007/lutte-contre-la-s%C3%A9cheresse-au-burkina-faso#sthash.7eA3SOwS.dpuf

 Foto: Fandjora, la perforación de pozos de agua para acceder a las minas de oro.