News - 15 de febrero de 2014

es - Nuevas formas de hacer la guerra

Los días 17 y 18 de diciembre de 2013 se celebró, en Barcelona, una
Jornada dedicada al tema “Nuevas formas de hacer la guerra”, organizada por
el Centre Delàs de Estudios para la Paz, de Justicia y Paz.. Lo que en ellas se
puso de manifiesto es la complejidad y la des.-regulación existente en la
actualidad sobre este tema, en un momento en que las guerras convencionales
se han transformado debido a la novedad de los agentes implicados en ellas y a
los avances de las tecnologías de última hora.
El mes de enero, de alguna manera, está marcado por los deseos de
paz. Así lo hacen ver la Jornada Mundial de Oración por la Paz (1 de enero) y
el Día escolar de la No-violencia y de la Paz con el que este mes concluye.(30
de enero). A ello, pues, dedicamos estas reflexiones.

La Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
Para empezar, todo el capítulo 11 del Compendio de la DSI está
dedicado al tema de la promoción de la paz (nn. 488-520). Entre muchas
cosas, afirma:
La paz no es simplemente ausencia de guerra, ni siquiera un
equilibrio estable entre fuerzas adversarias (GS 78) sino que se
funda sobre una correcta concepción de la persona humana (J.P.
II) y requiere la edificación de un orden según la justicia y la
caridad. (n 494)
El Magisterio condena «la crueldad de la guerra» y pide que sea
considerada con una perspectiva completamente nueva (GS
77)… La guerra es un «flagelo» (León XIII), «una matanza
inútil» (B XVI), una «aventura sin retorno» (J.P. II). « Nada se
pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra» (P XII)…
La guerra es «el fracaso de todo auténtico humanismo» (J.P. II),
«siempre es una derrota de la humanidad» (J.P. II). «Nunca más
los unos contra los otros, ¡nunca más! ... ¡nunca más la guerra,nunca más la guerra!» (P. VI) (n. 497)

Pero… la guerra ya no es “la guerra”
El mundo es hoy infinitamente más complejo que hace unos años, en
tiempos de la “guerra fría”. Dentro de toda esta complejidad, y casi sin darnos
cuenta, ha ido desapareciendo el concepto de guerra como guerra “entre
estados”:
* Globalmente han disminuido las guerras y los conflictos, pero están
menos “regulados”, lo que supone una mayor inseguridad mundial.
* Ya no se conquistan territorios sino influencias (Al-Kaeda).
* O se practica la “limpieza étnica (Servia, Kosovo, Ruanda,
Congo…).
* Los grupos armados suceden a los ejércitos y se mezclan entre la
población civil: ¿a quién hay que matar? ¿Quién tiene “derecho” a la guerra?
* Se dan permanentemente atentados indiscriminados, que crean el
terror entre la población civil. Desde el 11 de septiembre de 2001, se
contabilizan 11.000 muertos al año por terrorismo.
* La guerra se privatiza: en manos de mercenarios o con material de
guerra de uso privado para “empresas de seguridad”…
* Las armas corren de manos en manos, en un trasiego comercial
ilícito sin posibilidad ninguna de control.

Hay otro modo de hacer la guerra
La tecnología ha cambiado el sentido de la guerra. Hoy se mata más
gente en un solo día que antiguamente en años…Pero no se trata de que haya
más maldad en el mundo, sino de que hay mejores y nuevos medios de matar.
La informática forma parte, también, de las nuevas formas de hacer la guerra
(virus, hackers, espionaje, etc. ), que llegan hasta nuestra propia intimidad
personal…
La tecnología avanza secuencialmente y la vieja regulación queda
obsoleta o, si llega, lo hace demasiado tarde. Hoy, las verdaderas “armas de
destrucción masiva” son las armas ligeras, más que las químicas o
bacteriológicas: todo el mundo lleva un “kalshnikov” bajo el brazo... Las
armas tradicionales “de destrucción masiva” son hoy las más reguladas y, sin
embargo, las menos usadas.
Lo más inquietante, por tanto, no son hoy sólo las “fuerzas armadas”
sino los grupos paramilitares, mercenarios, etc. cuyas víctimas, muchas veces,
son la población civil (actualmente el 90 % de ellas).
Para muchos de estos mercenarios, la violencia ha dejado de ser un
medio para algo y se convierte en un fin en sí mismo, un modo de vivir que da
la seguridad que por otro lado no se tiene…
Desde los medios oficiales, es preferible implicar lo menos posible a
las fuerzas armadas, y que sean los grupos quienes se matan entre sí y a la
gente: se establece así un “liderazgo” desde atrás (Libia, Siria, etc.): las guerras
“quirúrgicas” (bombardeos previos al ataque terrestre). Entre tanto, las Fuerzas
Armadas se disfrazan de “humanitarias”…

Hoy en día no hay “declaraciones de guerra” ni “convención de
Ginebra”. ¿Contra quién es la guerra? Enfrentados al terrorismo difuso, no hay
posibilidad de “declarar” una guerra “defensiva”. Así, surgen, como
alternativa, los “asesinatos selectivos”, facilitados hoy por una nueva
tecnología: los “drones”. Pero, ¿quién los controla y con qué legislación
internacional?

Los “drones”
Los “drones” son hoy el último avance de la tecnología. Se trata de
vehículos aéreos no tripulados. Con dos variantes: controlados desde una
ubicación remota, o sin control, de forma autónoma, sobre la base de planes de
vuelo preprogramados.
Hay 60 organizaciones en posesión de “drones” (no sólo estados, sino
grupos armados como hezbolá). Un gran negocio que se distribuye sobre todo
entre USA, Rusia e Israel y sus lobbies (entre 2011 y 2020 se prevé un gasto de
94 millones de dólares en lobbies). En USA se utilizan también a través de la
CIA, con carácter no militar, en manos de empresas privadas, lo que supone,
por tanto, secretismo e impunidad, sin datos ni estadísticas, Por eso, la
impunidad es hoy en día uno de los problemas más graves de los “drones”.

Más allá de la guerra
Como dice el papa Francisco, «a las guerras hechas de enfrentamientos
armados se suman otras guerras menos visibles, pero no menos crueles, que se
combaten en el campo económico y financiero con medios igualmente
destructivos de vidas, de familias, de empresas» (Mensaje Jornada Paz, 1).
Porque, en definitiva, la última causa de la guerra es la injusticia que
crea la pobreza: «Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero
hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y
entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia Se acusa de la
violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de
oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un
caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión….Esto no
sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los
excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en
su raíz» (Evangelii Gaudium 59)

La violencia no es la solución
Por activa y por pasiva, la DSI, y el mismo papa Francisco, reiteran
que la única vía de solución de los conflictos es la promoción de la justicia
(desarrollo –Pablo VI: Populorum Progressio- y solidaridad –Juan Pablo II:
Sollicitudo Rei Socuialis-) y el diálogo:. El papa Francisco afirma: «Por este
motivo, deseo dirigir una encarecida exhortación a cuantos siembran violencia
y muerte con las armas: (…) Renuncien a la vía de las armas y vayan al
encuentro del otro con el diálogo, el perdón y la reconciliación para reconstruir
a su alrededor la justicia, la confianza y la esperanza» (Mensaje Paz 7).

Todos responsables
La violencia no es algo que afecta únicamente a la “guerra” como tal,
sino a las relaciones humanas, a nuestro modo de vivir y de relacionarnos que,
por aquí y por allá, rompen la fraternidad: «las numerosas situaciones de
desigualdad, de pobreza y de injusticia revelan no sólo una profunda falta de
fraternidad, sino también la ausencia de una cultura de la solidaridad. Las
nuevas ideologías, caracterizadas por un difuso individualismo, egocentrismo
y consumismo materialista, debilitan los lazos sociales, fomentando esa
mentalidad del “descarte”, que lleva al desprecio y al abandono de los más
débiles, de cuantos son considerados “inútiles”. Así la convivencia humana se
parece cada vez más a un mero “do ut des” pragmático y egoísta» (papa
Francisco, Mensaje Jornada Paz, 1).

Una “cultura de la solidaridad” requiere un esfuerzo, de todos, por
cambiar nuestro modo de estar unos con otros, desde nuestra vida comunitaria
hasta nuestro modo de leer, de informarnos y de pensar sobre las circunstancias
globales en las que vivimos, de utilizar los medios de comunicación y la
informática.
La llamada del papa Francisco es a todos nosotros: «la nueva
evangelización anima a todo bautizado a ser instrumento de pacificación y
testimonio creíble de una vida reconciliada. Es hora de saber cómo diseñar,
en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda
de consensos
y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una
sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones. El autor principal, el sujeto
histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una
fracción, un grupo, una élite. No necesitamos un proyecto de unos pocos para
unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un
sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto
social y cultural» (Evangelii Gaudium, n. 239)..

Artículo publicado por la revista de Confer.. Justicia y Solidaridad. Enero 2014