Themes - 14 de enero de 2014

es - Una espiritualidad de los Derechos Humanos

 Hacia los años 1960, se eran hostiles a un acercamiento que diera un lugar central a los derechos humanos. Veían este acercamiento como una postura liberal anticatólica. De hecho, recuerdo que un Papa de hace cien años dijo:”Hemos oído bastante sobre los derechos humanos, pero ¿Qué hay de los derechos de Dios? Esta hostilidad al acercamiento a los Derechos Humanos, cambió. 

Hay dos formas distintas cómo los teólogos y filósofos tratan los temas de moral. La primera retrocede hasta Sto. Tomás de Aquino, y tras ello, a Aristóteles.El foco está en lo que es bueno. El aspecto central en este enfoque es la ley natural, lo cual se ve como más básico y más importante que las leyes naturales. En este enfoque, tal como se desarrolla en la enseñanza social católica, los conceptos del bien común, solidaridad con los demás y la preocupación por los pobre son importantes. 
El otro enfoque se fija en los derechos humanos. Este enfoque, retrocede al siglo de las luces y las revoluciones francesa y americana. Se ha desarrollado enormemente desde la segunda guerra mundial, empezando por la adopción hecha por la asamblea general de las Naciones Unidas en 1948 de “La Declaración Universal de los Derechos Humanos” Esta declaración incluía un nivel de mayores derechos civiles y políticos tales como: el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad y a la libertad de conciencia y de religión. También incluía varios derechos económicos, sociales y culturales, como el derecho al trabajo. El derecho a un mismo sueldo por el mismo trabajo, El de unirse a un sindicato y el derecho a una paga por desempleo, incapacidad o ancianidad.
Ochenta años después, en 1966 hubo un acuerdo en dos reuniones que incluirían en una ley los dos aspectos de la Declaración Universal. Todavía pasaron diez años más hasta que un número suficiente de Estados ratificara el “Convenio Internacional en Derechos Civiles y Políticos”. Este convenio se firmó por fin por 155 Estados pero es un acuerdo mucho más débil que sólo compromete a los estados a “Dar pasos” hacia la realización de estos derechos.
 Desde entonces se han hecho cantidad de otros acuerdos internacionales sobre “La Convención contra la tortura” “La convención sobre los derechos de los niños” y “Contra el crimen organizado internacional” El cual, entre otras cosas, protege los derechos de la gente que ha sido cogida para tráfico de explotación sexual.

LOS DERECHOS Y LA ENSEÑANZA SOCIAL CATÓLICA 

La enseñanza social católica, tal como se desarrolló en los últimos 120 años. Desde el tiempo del papa León XIII, se trabajó en el contexto de la tradición de la ley natural. Había un esfuerzo hacia el derecho a poseer la propiedad privada, y ocasionalmente se hacía mención de otros derechos como los de los trabajadores, a tener una familia… muy radicalmente en 1963 con el papa , con la encíclica de Juan XXIII “Pacem in Terris.” En esta encíclica el papa dio un papel central a los derechos humanos. Este nuevo énfasis en los derechos humanos se repitió y expandió por el Vaticano II que estableció una base espiritual para los derechos humanos. Esta fue llevada adelante por Pablo VI y con mucha fuerza por Juan Pablo II,  quien, por ejemplo, defendió los derechos de los trabajadores industriales oprimidos en Sao Pablo, Brasil, y los derechos económicos y culturales de los pueblos indígenas de varios Países.
 Pero estos dirigentes católicos, siempre unían los derechos fundamentales de la gente al bien común; al hacer esto, estaban trabajando en un acercamiento entre la tradición de la ley natural y los derechos humanos.

Quiero hacer notar cinco desarrollos principales en el acercamiento Católico hacia los derechos humanos:
El primero es la importante contribución hecha por el Vaticano II cuando en 1965 aprobó “La declaración de La Libertad religiosa” (Dignitas Humanae). En esta declaración la máxima autoridad de la Iglesia abandonaba la anterior enseñanza de que “El error no tiene derechos” y la reemplazaba por una aceptación de la libertad de conciencia y libertad de religión. Esto fue un cambio radical en la enseñanza social católica.
 El segundo desarrollo importante es el fuerte énfasis, de la enseñanza social católica en la participación.
 Ya en 1931 el papa Pío XI, en su encíclica ( Quadragésimo anno), proponía que los trabajadores deberían tener una participación en la dirección de las compañías en que trabajaban. Más tarde, la enseñanza de la Iglesia extiende esto a incluir el derecho a participar en todas las decisiones que les afecten. El derecho a participar es crucialmente importante porque una vez que la gente tiene este derecho, están en posición para poder pedir que los demás derechos sean respetados
 La tercera contribución importante para la enseñanza católica sobre los derechos humanos, vino con el documento “Justicia en el mundo” emitido por el Sínodo de los obispos en Roma en 1971.
El Sínodo dio un paso radical empezando por aplicar el acercamiento de los derechos humanos a las estructuras y prácticas internas de la Iglesia misma. Se reconocía el derecho de cada uno a la razonable libertad de expresión y pensamiento, incluyendo “el derecho a ser escuchado en espíritu de diálogo lo cual protege una diversidad legítima dentro de la Iglesia (JM44) Siguió insistiendo que:”La forma de procedimiento judicial debería dar al acusado el derecho de conocer a sus acusadores y también el derecho a defenderse, y también apuntó que los procedimientos deberían ser rápidos (JM 45).
 Al resaltar estos principios y líneas a seguir, el documento estaba iniciando un fuerte desafío a los procedimientos que el Vaticano todavía continúa practicando.
 Una cuarta arremetida vino cuando el documento sinodal dijo:” Solicitamos con insistentemente el que las mujeres deberían tener su propia parte de responsabilidad y participación en la vida de la comunidad social, así como en la Iglesia (JM 42) y después siguió diciendo: “proponemos que esta cuestión sea sometida a un estudio serio empleando medios adecuados: por ejemplo una comisión mixta compuesta por hombres y mujeres, religiosos y laicos de diferentes situaciones y competencias” (JM 43)
 Este es un importante reconocimiento del fallo, por parte de las autoridades de la Iglesia, en el pasado de no tomar en cuenta, adecuadamente, los derechos de la mujer. Por desgracia, la comisión que el papa Pablo VI estableció, no dio una voz adecuada a mujeres con una experiencia relevante. Yo no puedo encontrar ninguna referencia al Sínodo en la web del Vaticano. Me pregunto si no habrá habido una política especial en el Vaticano para ignorar las conclusiones de este Sínodo, dejando caer su importancia y dejando más o menos lo del Sínodo fuera de la memoria de la Iglesia y de su historia oficial.
 La quinta y mayor contribución a la enseñanza católica sobre los derechos humanos también vino en el Sínodo de los obispos de 1971. El Documento Sinodal señaló muy claramente y con fuerza que los recursos de la Tierra son demasiado limitados como para permitir a todos los países del mundo que tengan un “desarrollo” que ha sido central para enriquecer a los así llamados “Países Desarrollados” (JM 10 y 11) Esto en efecto, es una condenación para los países ricos por coger una parte inapropiada de los recursos existentes. Esto implica a la vez una defensa de los derechos de los países más pobres a una participación justa de los recursos limitados de la Naturaleza y una protesta
Contra la explotación ambiental en general

 Dificultades con ambos acercamientos

 Una de las mayores dificultades para un acercamiento a los Derechos Humanos, como se entiende normalmente en el mundo occidental, es la tendencia a poner el principal énfasis en los derechos de los individuos.
No es siempre fácil para las personas el ver que los derechos individuales tienen que estar equilibrados con el bien común de todas las comunidades. En efecto; algo de la primacía dada a los derechos personales, pueden, a veces, fortalecer el individualismo, que es una imagen del mundo occidental: las personas pueden estar tan enfocadas hacia sus propios derechos que se hagan insensibles a los derechos de los demás, incluso, aquellos que se apoyan principalmente en un acercamiento hacia la moralidad basada en los derechos humanos, puede que no estén de acuerdo sobre las bases de los derechos, o en qué derechos son auténticos, o en cómo resolver una situación cuando los derechos de alguien no pueden reconciliarse con los derechos de otra persona.
La tradición católica aporta un correctivo para estas dificultades: coloca los derechos humanos individuales dentro de un contexto más amplio cuya palabra clave es solidaridad. No existimos en solitario sino que formamos parte de una familia, una comunidad local, más ampliamente, la comunidad mundial y la comunidad de la naturaleza incluyendo los animales, los bosques y la ecología del cosmos como un todo, por tanto, la cuestión de los derechos no se debe ver sólo individualmente. Nuestros derechos deben estar vinculados al bien común y por lo tanto a nuestra responsabilidad o deberes hacia otras personas y hacia el cuidado de la Tierra que sostiene y alimenta nuestros cuerpos y espíritus.
 En especial desde el nacimiento de la Teología de la Liberación, a finales de los 1960 y principios de los 70, los católicos hemos llegado a darnos cuenta más claramente de que no es suficiente pensar en nuestras responsabilidades en términos puramente interpersonales. Los temas de pobreza, marginación y daños ecológicos, a ambos niveles locales y globales. Han llegado a ser vistos como estructuras que causan tanta injusticia. Por lo tanto tenemos que situar los temas de derechos y responsabilidades en el contexto de estructuras económicas, políticas y culturales de la sociedad y de la Iglesia.
 Habiendo dicho que una aproximación a la ley natural nos puede proporcionar un correctivo para las formas inadecuadas de interpretar los derechos humanos, enseguida tengo que añadir que la aproximación a la ley natural también necesita ser ampliada y corregida .Se ha dicho que el documento Humanae Vitae habla como si nuestros órganos sexuales vinieran montados con un equipo de reglas fácilmente legibles e invariables. Ahora vemos que no es suficiente mirar a estos órganos en solitario. Tenemos que tomar en cuenta a la naturaleza de las personas que tienen los órganos sexuales. Después tenemos que continuar tomando en cuenta a la comunidad humana entre la que viven estas personas e ir más allá a situar todo esto en un amplio contexto ecológico y evolutivo. La ley natural debe se vista de una forma holística. No es solamente un “libro de reglas” de categorías particulares de criaturas sino el patrón de un sistema como conjunto.
 En su encíclica “Cáritas in veritate” (nº 48) El Papa Benedicto usa una frase que ayuda: La “Gramática” de la naturaleza. Si queremos entender bien esta “Gramática” debemos darnos cuenta de la inter-relación multifacética entre las diferentes partes de la naturaleza. Esto en suma, significa que la antigua concepción estática de la ley natural, debe dar paso a una que tome muy en serio el proceso de evolución que determina cómo el mundo natural cambia y se desarrolla.
 Si ambas, la aproximación a los derechos humanos y la aproximación a la ley natural se amplían y enriquecen, las dos aproximaciones pueden unirse de forma muy fructífera.
El énfasis en los derechos humanos tendrá un atractivo inmediato que se extenderá hacia las personas que han sido ultrajadas por grandes abusos e injusticias, o discriminaciones en base a su raza, género, orientación sexual, edad o necesidades especiales. La tradición de la ley natural y del bien común pude proporcionar el contexto dentro del cual el choque de derechos individuales o de grupo pueden ser negociados y resueltos con esperanza. Además, pienso que si tomamos seriamente la noción entera de respeto, no sólo hacia las personas sino también hacia los animales y hacia la naturaleza, no hay necesidad de meterse en cuestiones complicadas de si las animales tienen derechos. Me parece que tiene más sentido hablar de nuestra responsabilidad para respetar a los animales como elementos de la total comunidad de la naturaleza dentro de la cual, ellos y nosotros estamos llamados a vivir juntos y a compartirla armoniosamente.
 
 .  ESPIRITUALIDAD
 
Es importante que nosotros , los cristianos , desarrollemos una espiritualidad centrada en los derechos humanos porque, como acabo de decir, el tema de los derechos toca una fibra profunda en la gente del mundo actual. Millones de personas encuentran que se les mueve el corazón y su sentido de ultraje, provocado por los vergonzosos abusos sobre
Derechos Humanos fundamentales de los cuales se oye hablar cada día
 La palabra clave con relación a los derechos humanos es “respeto” Cuando la gente habla de “respetar los derechos humanos ”, normalmente quieren decir “no interferir en” los derechos legales de otros. Esto es, por supuesto, esencial. Pero el “No interferir en” Es una concepción negativa que cubre solamente un mínimo de lo que implica la palabra respeto. Una verdadera espiritualidad de derechos humanos requiere que vayamos mucho más lejos.
La aproximación católica siempre une derechos humanos con dignidad humana y de hecho, encuentra la auténtica base para los derechos humanos en la dignidad de la persona. Esto nos invita a ver la palabra “respeto” más o menos como equivalente a “reverencia”. En lugar de ver a los demás como personas a las que no deberíamos hacer daño o obstrucción, nuestra espiritualidad nos invita a enfatizar con ellos, a ser conscientes de su fragilidad y vulnerabilidad, y a desarrollar una actitud de ternura hacia ellos. Nos lleva hasta considerar como un tesoro, a otras personas y otras comunidades. Idealmente tendríamos que ser capaces de ver a cada persona como un ser sagrado, un misterio ante el cual sentimos ganas de inclinarnos en reverencia y veneración. La creencia cristiana de que cada persona ha sido creada a la imagen de Dios sustenta nuestro compromiso de respetar su dignidad y sus derechos humanos. Esto significa, según sugiere Rowan Willians que cuando vemos que se abusa gravemente de los derechos de una persona tengamos “un sentimiento casi de blasfemia.”
 ¿Cómo podemos vivir este gran ideal? Solamente alimentando el aspecto enfático de nosotros mismos de manera que empecemos a “andar dentro de los zapatos de los demás”. Entonces nos hacemos enteramente sensibles a sus necesidades. De esta manera llegamos a estar espontáneamente dispuestos a respetar los derechos de los demás y de la comunidad. Esto vendrá solamente a través de una radical conversión por nuestra parte. Un aspecto de esto es una conversión moral con la cual nos hacemos universalmente responsables de “Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos”. Sin embargo hay otro aspecto vital de esto, que es una conversión de nuestra afectividad. O sea, capacitar a nuestros sentimientos espontáneos , ponerse a la altura de de nuestros compromisos morales. Para hacer esto realidad normalmente hace falta un compromiso serio en un trabajo de desarrollo personal , quizá también un dejarse aconsejar o una terapia con el fin de curar las heridas del pasado. Podemos unir la conversión moral y afectiva, a base de fijarnos en los dones de las personas que nos irritan y rezando por ellas.

  UNA CULTURA DE RESPETO
 
 
 Un elemento crucial en una espiritualidad de derechos humanos es el fomentar una cultura de respeto hacia los derechos fundamentales a todos los niveles; locales, nacionales, internacionales y en la Iglesia, Aquellos que viven una auténtica espiritualidad de los derechos humanos plantean un desafío radical al individualismo, la explotación y el abuso de autoridad que tanto abundan en nuestro mundo.
Siguiendo la línea que nos marcó Jesús (Mt 18.15-16) Aquellos que defienden los derechos humanos de las personas, intentan tener un diálogo constructivo con los políticos, los gobiernos y los dirigentes eclesiásticos, y, también, influyen en la opinión pública, en la sociedad y en la Iglesia.
 Donde las autoridades no están abiertas al diálogo o donde se ha roto, una espiritualidad de derechos humanos a veces requiere que protestemos públicamente contra un ejercicio de la autoridad inaceptable e incontrolada o contra otros abusos llevados a cabo por parte de los gobiernos u otras instituciones incluyendo las Iglesias En muchas situaciones la protesta es costosa y arriesgada porque los que se sienten desafiados se vuelven agresivos y se ponen a la defensiva. En nuestros días la gente está siendo martirizada a causa de su compromiso en la defensa de los derechos humanos. En nuestra Iglesia, aquellos que desafían, se les trata a veces duramente por procedimientos que son estructuralmente injustos. La valentía y fortaleza de los que protestan públicamente son una inspiración y fuente de energía para el resto de nosotros y también un desafío para preguntarnos si deberíamos seguir sus pasos.

El corazón de una espiritualidad cristiana de los derechos humanos está en el seguimiento de Jesús. Al desafiar a las autoridades civiles y religiosas de su país, se puso de lleno del lado de la gente que era pobre, enferma, inhabilitada, migrantes económicos, o refugiados políticos, así como de las mujeres dedicadas a la prostitución, y los odiados agentes de recaudar los impuestos. ,El defendió el derecho fundamental de todas estas personas a tener una seguridad por parte de las autoridades religiosas, de que eran amados y valorados por Dios. Pagó un alto precio por esta defensa de los derechos de la gente marginada. Los que tenían el poder , le privaron del derecho de un juicio justo, de su derecho a no ser torturado e incluso de su derecho a la vida. Es cierto que más tarde fue reivindicado cuando aquel a quien él llamó Abba le resucitó de entre los muertos. Pero nosotros que aspiramos a seguir a Jesús, debemos recordar que su reivindicación vino solamente al cabo de tres días de su muerte.

 Una espiritualidad de los derechos humanos totalmente efectiva debe ser vivida normalmente por una comunidad de personas. Idealmente, debería se una comunidad local que conectara con otras comunidades locales del mismo país y del mundo más amplio. Sin embargo la realidad hoy día es que a menudo podemos tener que contentarnos con lo que podríamos llamar “una comunidad virtual” , un grupo más grande y esparcido de gente que piensa igual, unida por email, Facebook, o Twitter. Claros ejemplos son: Amnistía Internacional, Avaaz, Green peace y la recientemente fundada “Autoridad en la Iglesia” (http://wwwchurchauthority.org)

 El luchar por los derechos humanos puede ser algunas veces una actividad entusiasmante, pero generalmente es exigente y estresante. Por consiguiente fácilmente puede pasar que si nos hacemos participantes nos encontremos tan cogidos por la lucha, que empecemos a perder contacto con esa parte profunda de nosotros mismos donde se nutre nuestra espiritualidad. Por lo tanto debemos recordar que la lucha por los derechos humanos es sólo una parte de una espiritualidad bien encuadrada. Podemos necesitar de vez en cuando tomarnos un “Tiempo libre” para recuperar nuestras energías y dejarnos tocar más profundamente y de forma diferente por el Espíritu cuyo poder y amor proporciona el latido de toda espiritualidad auténtica.

 CUATRO EJEMPLOS PRÁCTICOS

 Con el fin de ilustrar lo que contiene en la práctica el tratar temas a un nivel estructural, me podría referir a muchos ejemplos, incluyendo temas corrientes como ; los derechos de las personas con incapacidades o dificultades de salud mental, o el tratamiento a los que buscan asilo o los prisioneros. Pero me voy a fijar aquí sólo en cuatro típicos que pueden ser de preocupación normal entre los que escucháis.

 1.- Los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Estos son los 8 principales compromisos aprobados en la Naciones Unidas en el año 2.000 por todos los países del mundo y todas las agencias dirigentes del desarrollo mundial para tratar los temas de pobreza, y necesidad. Estoy seguro de que un buen número de vuestros colegas están comprometidos en hacer “Loby” en estos temas fundamentales de los derechos humanos en las Naciones Unidas. En estos grupos tales como Internacional Franciscana Cáritas Internacional, VIVAT y AEFJN, por nombrar sólo algunos. Algunos de sus miembros también están metidos activamente en trabajar con la “Revista Periódica Universal de Los Derechos Humanos” en vuestros propios países.
2.- El tráfico de mujeres y niños para explotación sexual es un tema de derechos humanos que requiere un cambio bastante radical en la legislación de los distintos países. Lo que se necesita es la adopción de lo que se llama el tratamiento sueco que criminaliza la compra de sexo más que la venta de sexo, combinado con un apoyo adecuado a aquellos que están intentando salir de la prostitución. Como ejemplo, mencionaré el “Apaga la Luz Roja” que es una campaña en la cual más de sesenta organizaciones en Irlanda se han unido para poner el caso de este cambio de legislación. Dos de estos grupos son iniciativas de miembros de congregaciones Religiosas ; Ruhma (http:www.ruhma.ie/) y APT ( Actúa para Prevenir el Tráfico) www.aptireland.org.
Ambas organizaciones agradecen respaldo moral y económico. Nuestros políticos han estado oyendo recientemente los argumentos a favor y en contra del cambio propuesto y gracias a Dios parece que pronto aceptarán sacar la nueva legislación en la línea del tratamiento Sueco.
 3.- Otro tema importante de derechos humanos y de injusticia estructural, es la forma en que el Vaticano ha tratado a las hermanas de Estados Unidos y su principal agencia dirigente, la LCWR. En este caso, uno se debe preguntar si ha habido un respeto adecuado hacia la Enseñanza Social Católica sobre Subsidiaridad, participación, transparencia e inclusión. No es sorprendente que haya habido un apoyo a las hermanas a través del mundo entero.
4.- Otro tema de Injusticia estructural es la forma con que el Vaticano ha tratado con los llamados “sacerdotes y miembros de congregaciones religiosas disidentes.
 Estas son personas que dan voz al rechazo rápidamente creciente por parte de tantos miembros de nuestra Iglesia en la línea dura tomada por Roma, especialmente sobre los temas de sexualidad, género y estructuras de la iglesia. Está creciendo un malestar y protesta acerca de la forma como se está tratando a estas personas.
 Hay dos tipos de lección que se pueden sacar de los ejemplos que he mencionado de abuso duro indebido de la autoridad eclesial: Si quieres ser efectivo, tienes que hablar claro y organizar, pero por otro lado, puedes pagar un alto precio por hacerlo.
 
 CONCLUSIÓN

Termino estas reflexiones sobre una espiritualidad de los derechos humanos recordando otra vez algunas de las palabras clave que ya he mencionado:

Respeto hacia la dignidad humana, sentido de solidaridad con los humanos y con el resto de la creación, preocupación por el bien común y el derecho a participar en la toma de decisiones.
 También repito que nuestra forma de entender una espiritualidad de derechos necesita ser abordada tomando en cuenta la dimensión ecológica. Cuando hacemos campañas a favor del respeto al medio ambiente estamos defendiendo los derechos de la gente marginada. Las personas de las islas del Pacífico y los indígenas de la gran selva del Brasil, Indonesia, África y otros. Estas son personas cuyos derechos han sido ignorados o sacrificados a la avaricia de los ricos y poderosos, así como a la insensibilidad de aquellos de nosotros que vivimos en el llamado “Mundo desarrollado”.
 Si situamos nuestra espiritualidad de los derechos humanos en este contexto ecológico, nos podríamos encontrar con que no sólo estamos defendiendo los derechos de los más pobres sino que también nos podemos alimentar espiritualmente, por un sentido de admiración ante la maravilla y el misterio de la creación y de la evolución, enriquecernos con una viva visión de lo que se llama “La nueva Historia” e inspirados por el Espíritu Santo, gritar con Jesús en agradecimiento y alabanza al Creador.

 Donal Dorr  
miembro de la Sociedad Misionera de San Patricio

.
.