Témoignages - 16 de enero de 2012

es - Entrevista a Manolo Copé, liberado de la HOAC

MANOLO COPE miembro de la HERMANDAD OBRERA DE ACCION CATOLICA (HOAC) de ALICANTE (España)
Actualmente y temporalmente liberado para la Comisión de la HOAC en Madrid, durante 4 años.

Cometido en la HOAC:
Formo parte de la Comisión permanente de la HOAC, un órgano del que se ha dotado la propia HOAC para dinamizar la vida del movimiento a nivel nacional. Somos un grupo de seis personas que hemos dejado nuestras ciudades de origen para trabajar en Madrid y coordinar las tareas. Una actividad importantes es preparar los encuentros generales que tenemos en el movimiento: plenos de representantes, comisión general, Asamblea general...
 Somos un movimiento que forma parte de la Acción católica, asambleario y autogestionario y que tiene como finalidad llevar el evangelio al mundo obrero empobrecido y llevar a la Iglesia las preocupaciones de este mundo obrero. Mi responsabilidad es la animación del compromiso de los militantes, que forman el movimiento.

Mis funciones básicamente son:
Animar el compromiso y la actividad evangelizadora de los militantes
http://www.hoac.es/que-hacemos/quehacer-comunitario/
Organizamos nuestra tarea desde los sectores, que son realidades del mundo obrero y de nuestra sociedad especialmente sangrantes.
Encargarme de todas las relaciones internacionales de la HOAC, en dos vertientes:
Por un lado, las relaciones internacionales con otros movimientos de trabajadores cristianos y con la coordinación con el MTCE (Movimiento de trabajadores cristianos de Europa) y el MMTC (Movimiento mundial de trabajadores cristianos). http://www.hoac.es/que-hacemos/internacional/
Por otro lado gestionar el Fondo de solidaridad internacional. Un fondo al que aportan los militantes para apoyar proyectos de formación en países del Sur. http://www.hoac.es/que-hacemos/internacional/fondo-de-solidaridad-internacional/
Apoyar en las relaciones institucionales, sobre todo con sindicatos y partidos políticos
En la HOAC consideramos que con todas las limitaciones que puedan tener, los sindicatos y partidos son herramientas al servicio del bien común y tienen que tener la justicia como el valor referente de toda su acción. Por eso, puntualmente tenemos encuentros con estas realidades.

1.- ¿Por qué es importante para ti el compromiso con la justicia y la paz?
 Desde la HOAC, como cristianos siempre hemos tenido clara la apuesta por la justicia y por la paz. Son valores irrenunciables que emanan de la forma de pensar, sentir y actuar del propio Jesús de Nazaret. No creo que nadie que pretenda ser coherente, pueda olvidar que la justicia y la paz deberían ser los termómetros de nuestro compromiso y de nuestro seguimiento a Jesús de Nazaret. ¿Se puede ser coherente fomentando injusticias? ¿se puede ser cristiano sin comprometerse por la paz a todos los niveles?
 En la HOAC creemos que no, por eso nuestro empeño constante en que nuestra fe y nuestra vida vayan de la mano, en que vayamos siendo capaces de ofrecer otras maneras de vivir, otras opciones, frente a una cultura dominante que genera injusticias.
Nuestra propuesta y nuestra apuesta es humanizar el mundo de la cultura, una cultura herida de muerte por un sistema capitalista que va "pudriéndolo" todo.
En esta propuesta de humanizar la cultura, la justicia y la paz serán dos pilares concretos, dos referentes ineludibles en el mapa de ruta que tendremos que andar para salir de este callejón, que esta vez sí tiene salida.
 Trabajar por la justicia y la paz será hacer operativa la reivindicación de derechos sociales para todos, pero sobre todo para las personas más empobrecidas; luchar por condiciones dignas de trabajo; trabajar para que no hay víctimas en nuestros lugares de trabajo; evitar que nadie sufra discriminación por ninguna causa; poner a la persona y no el capital, en el centro de nuestras decisiones, etc... y todo esto desde el referente del Evangelio que nos recuerda que Jesús de Nazaret vino a este mundo para que tengamos vida y una vida en abundancia.
Pero ¡ojo! abundancia para todas las personas y no sólo unas cuantas. Algunas personas viven precisamente desde la abundancia, pero una abundancia generada desde grandes injusticias, desde la usura, desde la falta de conciencia y de valores... así existe una perversión de la economía, radicalmente injusta, ya que se ponen los beneficios privados de las estructuras capitalistas y de los mercados financieros, por encima de las necesidades sociales de la mayoría de personas.
 Estas injusticias generan inquietud, temor, miedo y las personas, en lugar de colectivizar sus miedos para afrontarlos y luchar contra ellos y contra quienes los originan, van optando por el individualismo y por la renuncia a exigir lo que debe ser para todos y todas y no sólo para unos privilegiados...
Este sistema genera injusticia a cada momento: se han rebajado los impuestos a las rentas más altas; se ha incrementado la rentabilidad del trabajo, precarizando cada vez más el empleo y debilitando los derechos laborales; se han abierto los servicios públicos al negocio privado… esto genera injusticias y las injusticias no generan paz social, sino todo lo contrario, la injusticia genera violencia, una violencia que se va instalando en nuestra sociedad de manera velada.
El empobrecimiento es una injusticia estructural de nuestra sociedad, consecuencia de la distribución injusta de los bienes, es un problema radicalmente político. Tomar conciencia del empobrecimiento como injusticia es hoy tarea fundamental, porque en nuestra sociedad se tiende a ocultarlo y a culpabilizar y responsabilizar a las personas empobrecidas de su propia situación. Construir una sociedad a la altura de la dignidad del ser humano pasa porque la lucha contra la injusticia y la pobreza ocupe el centro de la acción política.
Por tanto, no habrá futuro para nadie, si no pasa por la lucha por la justicia y por la paz.
2. Como cristiano ¿Cómo lo vives en lo cotidiano, en tu día a día?
 Pues con limitaciones, porque esta sociedad de consumo y sus valores, se nos van colando de manera casi desapercibida, pero va empapando nuestra manera de pensar y sobre todo nuestra manera de actuar.
El Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia nos aportan un proyecto de humanización, de ser y vivir desde Jesucristo, y otra manera de comprender y construir las relaciones sociales –la economía, el trabajo, la política, la cultura…– que ponen a la persona en el centro de la realidad y, especialmente, a las personas empobrecidas. La tarea de promoción de la justicia en el mundo obrero forma parte de nuestra misión evangelizadora como creyentes y como Iglesia, desde el ánimo que nos da la fe en Jesucristo, que vino a anunciar la Buena Noticia a los pobres.
Nuestra pretensión es que podamos compartir, ahora y siempre, la vida y las aspiraciones de las víctimas del mundo obrero; en primer lugar, con ellas y también con nuestras parroquias, grupos y movimientos cristianos, organizaciones ciudadanas y con todos los trabajadores y trabajadoras.
Por eso, en la HOAC creemos que es muy importante tener claro un proyecto de vida, un horizonte para ir contracorriente, para no dejarnos llevar por estos valores de los que se van impregnando nuestras vidas de manera velada: la desilusión, el conformismo, la insolidaridad, el individualismo, la comodidad…
Lo que está claro es que lo importante es cómo nos situamos en nuestra vida cotidiana, qué reivindicaciones planteamos, qué compromisos asumimos, cómo nos hacemos, o no, responsables de la vida social en los distintos ámbitos en que nos movemos…
Vivir con la justicia y la paz como referentes en mi vida, supone tener un proyecto de vida familiar donde se pueda vivir la austeridad, intentando consumir de manera responsable, junto a otros y otras que pretendan construir una sociedad distinta, que nuestro dinero esté en instituciones éticas, etc… También supone replantearse constantemente qué uso hacemos de nuestro dinero, dónde lo gastamos, qué valores rigen nuestra vida… junto a quién queremos estar, a quién podemos dar protagonismo. En la HOAC pretendemos estar al lado de las personas que más sufren las consecuencias de las injusticias y darles herramientas para que se empoderen y sean capaces de ser protagonistas de sus vidas.
 Otra clave es intentar que dentro de nuestra Iglesia, haya muchas más personas que sean un referente en la vivencia de estos valores de justicia y de paz.
 
3. ¿Qué signos de esperanza para nuestro hoy y nuestro futuro experimentas, sientes, piensas?
Pues creo que, a pesar de lo que pudiera parecer, hay muchos signos de que hay esperanza, empezando por la realidad del 15-M, del que personas cristianas formamos parte y que pretende recuperar el protagonismo de la vida política en un sentido más amplio al partidista.
También la sensibilidad por el medio ambiente es un signo de esperanza junto a colectivos de personas que convencidas de que el consumo es una herramienta de cambio, se unen en cooperativas donde la producción se humaniza, frente a las multinacionales.
Las vidas de tanta gente buena entregada son signo constante de esperanza, en ONG’s, en sindicatos, en plataformas…también la de muchas mujeres religiosas que se empeñan en trabajar junto a quien menos tiene y menos puede…
No faltan personas y familias que acogen a menores abandonados, a muchachos y jóvenes en dificultad. No son pocos los centros de ayuda y acogida a personas en situación de exclusión. También surgen y se difunden grupos de personas voluntarias, que dedican tiempo y dinero para trabajar por la justicia.
Para mí sigue siendo un signo privilegiado que haya gente que lucha por defender los derechos sociales de otras personas desde muy diversos ámbitos…
Hay muchos signos más, falta intentar ver la realidad como Dios mismo la mira...
Esta es la prueba de que Dios anda a nuestro lado, entre nosotros, que no nos olvida y que nos da fuerza (su Espíritu) para que sigamos anticipando el Reino de Dios. Un nuevo Reino que ya está amaneciendo…